viernes, 22 de marzo de 2019

LOMAS DE ZAMORA: Condena a un abusador por violar a su primo de 7 años

Un jurado de Lomas de Zamora condenó a Gabriel Poblete por haber violado a su primo Leandro Manuel Maldonado hace muchos años. La víctima tiene hoy 16 años y voló desde El Calafate, Santa Cruz, para dar testimonio en el juicio ante el jurado. La Procuración solventó su pasaje.

La jueza López y la fiscal Dimundo ante el jurado

El Hecho:

Poblete, de nacionalidad chilena, había accedido carnalmente al niño cuando éste tenía 7 años de edad en el domicilio de la calle Montiel al 400, de la localidad de Lomas de Zamora. El niño hizo la denuncia  después de transcurridos cuatro años del suceso.

Examen Médico:

El examen médico practicado a la víctima no constató lesiones. En eso basó toda su estrategia la defensa para negar los hechos. La única prueba de cargo que tenía la fiscalía era la declaración del niño, que hoy tiene 16 años edad. Su relato fue muy sólido y conmovedor. Lo acompañó la asesora de menores, quien aportó más detalles de lo ocurrido. La víctima proviene de una familia muy vulnerable y, en la época en que había ocurrido el acceso carnal, su grupo familiar se trasladaba de hogar en hogar, llegando de esa manera a la casa de la familia Poblete.

Deliberación, veredicto y detención:

Poblete estaba en libertad hasta este momento. La jueza López Moyano instruyó al jurado, que se retiró a deliberar. Por diez votos contra dos, el jurado condenó al acusado por un delito intermedio: abuso sexual con acceso carnal, quitándole el agravante de la aprovechamiento de la convivencia preexistente que fuera parte de la acusación fiscal.

La fiscal Marcela Dimundo pidió su inmediata detención, y la jueza le hizo lugar. Mucha gente había venido desde Chile a presenciar el debate y a a apoyar a Poblete.

El martes se conocerá la pena.

jueves, 21 de marzo de 2019

ZÁRATE-CAMPANA: No culpable a un ex policía por actuar en legítima defensa

El jurado popular declaró no culpable a Damián Velázquez, quien por entonces cumplía tareas en la División Rural de la Policía Local de dicho distrito, aunque al momento del trágico suceso se encontraba de franco. Lo acusaron de homicidio calificado por el uso de arma de fuego, pero el jurado lo declaró no culpable tras considerar que actuó en legítima defensa. El juicio se llevó a cabo del 18 al 20 de marzo en el Tribunal en lo Criminal Nº 2 del Departamento Judicial Zárate-Campana. 

El juicio estuvo dirigido por el Juez técnico Daniel Rópolo, mientras que el fiscal fue José Luis Castaño y la defensora oficial fue Fabiana Elisa Florentín.

SAN MARTÍN: Jurado condena a hombre por homicidio con emoción violenta

Una vez más, un jurado popular dio muestras del sentido de justicia comunitaria que caracteriza a la participación ciudadana en el sistema de justicia penal. Fue durante el juicio seguido contra Nahuel Avantz, quien era acusado por el delito de homicidio agravado por la utilización de un arma de fuego contra Pablo Daniel Acosta.

El defensor, la fiscal, la jueza y el jurado 

miércoles, 20 de marzo de 2019

LA MATANZA: Pai Umbanda condenado por rapto y violación (y un 38)

El cruce de los mundos tocó esta vez en Villa Madero. Animales disecados en el altar. Crónica de mundos ocultos. Ritos con gallinas. Cabezas y sangre de bípedos despachadas a la Naturaleza  y "el cuarto del ablande".

Con todo eso se encontró la policía cuando allanó el domicilio-santuario (anche matadero) del Pai Umbanda Daniel Alejandro Galucci. El Pai fue declarado culpable por un jurado popular por los tres cargos con que lo acusó el fiscal Sergio Antín: rapto y violación de Angélica Liliana Escalante y tenencia de arma de guerra.

Volver al Futuro

El abogado defensor Nelson Brizuela intentó denodadamente -y logró probar- que el Pai y la víctima eran pareja y amantes. Con lo cual, la supuesta violación no tendría lugar. Sin embargo, la relación era un desastre y estaba a punto de terminar. Angélica no lo soportaba más.

Fue allí que el Pai decidió raptarla contra su voluntad. El 11 de Marzo de 2017 (a 44 años del triunfo en la urnas del FREJULI y la fórmula Cámpora-Solano Lima), a la 1 de la madrugada, el Pai Galucci se llevó por la fuerza, con violencia y amenazas a la víctima Angélica Liliana Escalante de su casa ubicada en la calle Cuzco n° 1375, de la localidad de Villa Madero. Desde allí la condujo hasta el Santuario de la calle Caaguazú n° 1046 de Villa Madero. Allí la retuvo por tres días hasta el 14 de marzo, en que cayó la policía y liberó a la mujer. 




Angélica vivió un verdadero calvario durante esos tres días. El jurado consideró probado que el Pai la violó con su miembro viril, el dedo y múltiples instrumentos. No sólo eso. Para vencer la voluntad de resistencia de Angélica utilizó violencia, amenazas, suministro de drogas, alucinógenos y deprimentes, una  picana eléctrica y, encima, un arma de fuego, catalogada como de guerra. Todo ello tendiente a anular la posibilidad de resistirse al abuso sexual.




La fiscalía decidió atacar el argumento de la defensa -que eran pareja y había consentimiento- con un argumento histórico que resultó irrefutable para el jurado: si bien era verdad que el Pai Galucci tenía una relación amorosa con Angélica, el fiscal logró dar con otra anterior pareja de este Manosanta Matanceiro de Wood Village. Así demostró cómo el imputado buscaba un perfil específico de mujeres para poder someter a sus parejas. Esta mujer contó y mencionó con lujo de detalles los macabros y enfermizos rituales de vejaciones y sometimientos del Pai. Lo denunció varias veces y gracias a sus hijos pudo romper con esa relación enfermiza.



El juez Arturo Federico Mateo Gavier le explicó al jurado en las instrucciones estos tres veredictos y sus diversas opciones. Avanzada en la noche, cerca de las 23 hs, el jurado salió del recinto de deliberación. El secretario Nicolás Varela chequeó los formularios y el jurado leyó en voz alta los tres veredictos: culpable por dos de los cargos por unanimidad y uno por diez votos. 

martes, 19 de marzo de 2019

IV CONGRESO INTERNACIONAL DE JUICIO POR JURADOS

Se encuentra abierta la inscripción para la IV edición del Congreso Internacional de Juicio por Jurados que se desarrollará los días 26, 27 y 28 de marzo en el Centro de Congresos y Exposiciones “Dr. Emilio Civit” (Av. Peltier 611) en la Sala “El Plumerillo” de la ciudad de Mendoza.

ARGENTINE: MA PREMIÈRE EXPÉRIENCE EN TANT QUE JUGE LORS D’UN JUGEMENT PAR JURY

Je m’appelle Luciana Irigoyen Testa, juge pénal depuis 20 ans à Necochea, Province de Buenos Aires, Argentine.

Juge Luciana Irigoyen Testa

La semaine dernière, j’ai dirigé pour la première fois un jugement par jury. J’avais déjà été désignée pour accomplir la même tâche à d’autres occasions mais les cas avaient été résolus autrement.

Je voudrais partager cette expérience depuis le point de vue humain étant donné que, depuis le point de vue de la technique judiciaire on avait déjà beaucoup écrit et, d’ailleurs, parce que tout  s’est passé normalement selon les prévisions.

Cependant, étant une citoyenne qui habite ce pays, je me suis sentie particulièrement émue. Je tiens a  exprimer que j’ai un sentiment républicain et démocratique profond, que je crois fermement au respect envers l’autre, aux différences et à la cohabitation  dans ce cadre.

Tout d’abord, j’ai  eu l’agréable surprise de constater que, très tôt le matin, à l’heure de la convocation, 26 citoyens tirés au sort étaient déjà au Tribunal. Leur attitude les montrait sérieux et circonspects dû à l’occasion pour laquelle on les avait convoqués. Ils se sont présentés à l’heure indiquée, ils ont abandonné leurs routines et se sont chargés du devoir pour lequel ils avaient été appelés. Sur ce point, je dois souligner l’intense tâche de logistique réalisée au préalable par la Secrétaire du Tribunal Eugenia Gómez et son équipe de travail. Bref, les personnes convoquées se sont présentées pour assumer leur responsabilité civique.

Quelques minutes plus tard, tous étaient à leur place dans la salle pour commencer l’audience de voir dire.

Le jury

Aujourd’hui , le jugement oral  déjà fini,  je pourrais peut-être faire un autre récit. Mais je dois avouer l’excitation qui régnait  dans toute l’équipe du Tribunal avant le commencement. J’ai pensé faire une analogie avec l’invité d’un grand dîner entre personnes qui se trouveraient parmi des gens  qui ne se connaissent pas : tout pourrait arriver. Au moins, pour mes collègues et moi qui déroulons nos activités pendant des audiences où tout est établi et peut donc être absolument prévu.

Ce n’était pas le cas ici, c’était une réunion de quartier parmi des voisins qui ne se connaissaient pas et le thème à discuter avait un caractère de haute tension : décider si un autre voisin, un pair, était ou n’était pas coupable d’un crime. Nous, les avocats, nous savions que nous étions devant la possibilité d’appliquer une haute pénalité de prison. Le jury ne le savait pas spécifiquement mais il était évident que cette sensation était dans l’air.

Le juge instruit le jury

L’audience de voir dire commencée et quand nous étions préparés à entendre une cataracte de refus et d’excuses d’inhabilités concernant les potentiels jurés, la première surprise a été que cela n’est pas arrivé. Quelques minutes plus tard on  finissait le voir dire en tirant au sort les noms des titulaires et des suppléants  et nous étions déjà prêts pour commencer l’audience des débats.

Le jugement oral  s’est développé normalement selon les principes juridiques des avocats parmi lesquels nous nous sentons « à l’aise ». Le jury, attentif, écoutait et regardait sérieusement. Un seul  parmi eux a pris des notes. Le reste a décidé de se fier à leur mémoire. Moi, j’ai été spécialement surprise dû à mon habitude de prendre note même d’un soupir  ou d’un mouvement corporel du témoin.

Le juge prenant des notes

Le soir, le jugement était fini, les pourvoirs présentés, l’accusé avait parlé et j’avais donné les instructions finales. Seul restait le moment culminant: la délibération des douze jurés.

Les suppléants se sont retirés et, de  nouveau, le Tribunal à espérer qu’aucun des jurés titulaires ne souffre de malaise pendant la délibération. Devant la porte, l’officiel de garde surveillait attentivement la salle du jury.

Nous nous sommes éloignés pour boire des « mates » en attendant le résultat sans avoir une idée précise de la durée. Derrière la porte, on entendait la discussion, l’argumentation, des tonalités de voix différentes : une véritable délibération ! Le sort de l’accusé était en train de se décider derrière cette porte, les murmures étaient incessants. Et finalement, nous les avocats, nous étions hors de cette décision ! On était de nouveau devant les anciennes démocraties d’Athènes, face à la délibération du peuple, au bon sens du peuple !

Au bout d’une heure de délibération, la Secrétaire a annoncé : « le verdict est prêt ». Je ne peux pas décrire ce que j’ai ressenti. J’ai commencé à écrire quelque chose qui, j’ai pensé, pourrait m’être utile au moment de la clôture du débat (mais c’était clair que je n’avais besoin de rien de plus). Le peuple avait son verdict ! Le peuple !

Nous, les avocats, nous sommes rentrés dans  la salle, puis l’accusé et le jury. Notre équipe était à côté. Le jury devant l’accusé était sur le point de lui lire sa décision. Nous, les avocats, nous n’en faisions parti !


Le président du jury lit le verdict



Moi, avocate, soucieuse des formes et des potentielles nullités, j’ai demandé à la  Présidente du Jury, avant la lecture de la décision, si elle avait bien mis les « croix » dans les verdicts.

A ce moment-là, je me suis rendu compte que j’étais en train de mettre les formalités devant l’essentiel de ce qu’on décidait. Je peux m’excuser: jevoulais veiller sur la validité  de ce qui était sur le point d’être annoncé ! La Présidente du Jury a répondu affirmativement et a lu les verdicts.  J’ai communiqué formellement les implications à l’accusé.

Finalement, j’ai  lu au Jury les mots de clôture et les ai remerciés de leur participation. En mettant l’accent sur le fait que`d’ être Juré, plutôt qu’une charge publique est aussi l’un des privilèges d’être citoyen et sur l’importance de cela pour la démocratie, ma voix a montré mon émotion et j’ai  eu du mal a terminer mes mots de congé.

Je pensais fermer ce récit avec les mots ci-dessus, cependant, en les partageant avec ma famille, ils m’ont dit que j’aurais dû raconter que, ce soir-là, j’étais rentée chez moi  totalement ébranlée par tout ce que j’avais vécu pendant l’Audience du Tribunal.

« D’accord » dirait un cher collègue…

Necochea, le 15 mars 2019

AAJJ (03/12/19):"Necochea: Un retraité de 73 ans a été déclaré non coupable de meurtre pour avoir agi en légitime défense de son fils handicapé et coupable de possession illégale d'armes à feu"(voir l'histoire principale)

lunes, 18 de marzo de 2019

MY FIRST EXPERIENCE AS A JUDGE IN A JURY TRIAL (Buenos Aires, Argentina)

My name is Luciana Irigoyen Testa and for more than 20 years I have served as a judge in Necochea, a small coastal town in the Province of Buenos Aires, Argentina. This week I had my first experience presiding over a jury trial. For various reasons, previous cases that might have gone to a jury trial had been resolved by other means.

Judge Luciana Irigoyen Testa

I would like to share my experience from a human point of view, rather than a technical or legal one, where so much has been said already. On that level, all went very well, as expected. 

However, as a citizen of Argentina, my country, I was particularly moved. I must say that I have a deep democratic and republican sentiment. I strongly believe in respect for others, for their differences, and for our coexistence.

To begin with, I was pleasantly surprised when I parked my car at the courthouse early that morning and I could see a long queue of 26 potential jurors that were summoned for that case. The attitude was one of utter seriousness and circumspection, in light of the duty for which they had been summoned.

They came to the courthouse, complied with the schedule, left their routines and civically took over the duty for which they had been called. At this point, I must highlight the intense logistic efforts from the court’s personnel, led by clerk Eugenia Gómez. As I began to explain, all these citizens came to fulfill their jury duty. Minutes later, everyone took their place in the courtroom and the voir dire started.

​Today, reflecting on the experience in hindsight, I could tell a different story. But I must confess that, in the moments before the proceedings began, adrenaline was rushing through me and the entire team.

The jury

An analogy came to mind of hosting a lunch with various people who do not know each other: anything could happen. At least, it seems that way in the imagination of those of us who have tried cases and conducted hearings exclusively among lawyers, where everything is scheduled and almost completely predictable. Now, for the first time in my life, I was in front of a large group of neighbors who did not know each other, and the task at hand was absolutely stressful: to decide whether another neighbor, a peer, was guilty of a very serious crime. We, lawyers, know that we were referring to the potential application of a severe sentence of many years in jail. The jury did not know it specifically, but it was clear to everybody that such a heavy feeling was hanging in the air.

The judge directing the jury

​The voir dire began and, when we were all prepared to hear a flood of questions, peremptories or disqualifications of potential jurors, then came the first surprise: this did not happen at all. Within minutes, voir dire came to an end, so we swore in the twelve person jury (six women and six men) and the alternates. We were ready to start with the trial.

The trial proceeded normally, within the legal scope that we, lawyers, are used to and with which we feel at ease. The jury, with an attitude of attention, listened and observed seriously. Only one member took notes. The other jurors decided to rely on their own recollections of the evidence. I was particularly surprised by this since I am the kind of judge that obsessively notes down even the sighs and body movements of a witness.

The judge taking notes

​In the evening, the trial was over: we heard the closing statements from the parties, the defendant was given the last word and I instructed the jury on the law. We were then ready for the trial’s real climax: the deliberation of the twelve jurors. Alternates were dismissed and, once again, my staff and I crossed our fingers, begging that no juror got sick during deliberations. The bailiff stood firm in front of the jury room’s door, guarding them.

We went back to chambers to drink mate tea while we waited for the verdict, losing track of time. From behind the door, one could hear a lot of discussion, arguments, different tones of voice. A real, robust deliberation was taking place. The fate of the defendant was in the hands of those twelve persons behind that door. The whispers were incessant. And, finally, we, the lawyers, were left out of that decision. We had returned to the ancient Athenian democracy, to popular deliberation, to the sense of the People. 

After more than an hour of deliberation, the bailiff shouted: "They have a verdict." I cannot describe my emotions. I started to print something that I thought might be useful to the close of the trial (of course, nothing more was needed), and I paced back and force a couple more times. The People have a verdict. The People…

We returned to the courtroom. The defendant and jury returned as well. My staff and I were in our places to one side of the courtroom. The jury faced the defendant, ready to deliver its verdict. We, the lawyers, were not part of it.

Forewoman reads the verdict


​As a lawyer, I was concerned about the verdict forms and potential errors, so before the forewoman read the jury’s decision, I even asked her if she was sure they had filled in the verdict forms properly and checked the correct boxes. At this moment I realized I was giving priority to the forms over the heart of the matter of what was being decided. If I’m not quite so hard on myself, I was trying to protect the validity of what was going to be announced. The forewoman smiled at me, said everything was correct and read the verdict. I explained to the defendant the legal consequences of the decision.

Finally, I discharged the jurors and thanked them for their duty. When I came to the part that goes “…jury service is not only one of the burdens of citizenship, it is also one of its privileges" and "...how important jury service is to the workings of a democracy,” I got choked up. I could barely finish my closing words.

I thought that the previous paragraph would be the proper end to these reflections. However, as I shared them with my family, they said that one important thing was missing: how moved I was when I got home that night. "Alright," as a dear colleague would say ...

Necochea, March 15, 2019

AAJJ (03/12/19):"Necochea: A 73 year old retiree was found not guilty of murder for acting in self defence of his disabled son and guilty of unlawful gun  possession" (see the main story)

sábado, 16 de marzo de 2019

REFLEXIONES DE UNA JUEZA TRAS SU PRIMER JUICIO POR JURADOS

MI PRIMERA EXPERIENCIA COMO JUEZA EN EL JUICIO POR JURADOS

Mi nombre es Luciana Irigoyen Testa, soy jueza penal hace poco más de 20 años en Necochea. Esta semana tuve mi primera experiencia en la dirección de un juicio por jurados. Por distintos motivos, los anteriores en los que había sido designada, habían sido resueltos por otras vías.

Jueza Luciana Irigoyen Testa

Me gustaría compartirla desde lo humano, más que desde lo técnico jurídico, de lo que ya hay mucho dicho. En este último plano todo transcurrió normalmente, según lo previsible.

Sin embargo, como ciudadana habitante de este país, me sentí particularmente conmovida. Debo aclarar que tengo un profundo sentimiento republicano y democrático, que creo fuertemente en el respeto del otro, de las diferencias y de la convivencia en ese marco.

​Entonces, en primer lugar, me sentí gratamente sorprendida, al advertir que, a primera hora de la mañana, a la hora de la citación, 26 ciudadanos sorteados ya estaban en el Tribunal. La actitud era de total seriedad y circunspección en virtud del acto para el que se los convocaba.

Vinieron, cumplieron el horario, dejaron sus rutinas, y se hicieron cargo cívicamente del deber para el cual habían sido llamados. En este punto, debo resaltar la labor de logística previa, intensa, por cierto, de Eugenia Gómez, la secretaria del tribunal, secundada por el resto del equipo de trabajo. De todas maneras, las personas citadas, vinieron a hacerse cargo de lo que les competía. Minutos más tarde, ya todos ocupaban su lugar en la sala para dar inicio a la audiencia de selección.
​Hoy, con el diario del lunes, podría hacer otro relato. Pero debo confesar la adrenalina que nos corría a todo el equipo del Tribunal previo al inicio.

El jurado

Coloquialmente, se me ocurrió hacer una analogía con el ser anfitrión de un gran almuerzo entre varias personas que no se conocen: todo podía pasar. Por lo menos en el imaginario de quienes hace tantos años nos desempeñamos exclusivamente en audiencias entre abogados, donde todo está pautado, y resulta absolutamente previsible. Acá no, era una reunión del barrio, entre vecinos que no se conocían, y el tema a tratar era absolutamente tensionante: decidir si otro vecino, un par, era o no culpable de un delito. Los abogados sabemos que estábamos refiriéndonos a la potencial aplicación de una alta pena de prisión. El jurado no lo sabía específicamente, pero era evidente que esa sensación sobrevolaba en el aire.

La jueza instruye al jurado

​La audiencia de selección comenzó, y cuando todos estábamos preparados para oír una catarata de inhabilidades y excusaciones por parte de los potenciales jurados, llegó la primera sorpresa: ello no ocurrió. En cuestión de minutos, estábamos finalizándola, procediendo al sorteo de titulares y suplentes, y ya listos para comenzar la audiencia de debate.

​El juicio oral se desarrolló normalmente, dentro de los cánones jurídicos que los abogados manejamos y con los cuales nos sentimos “tranquilos”. El jurado, con actitud de atención, escuchaba y miraba con seriedad. Sólo uno de sus miembros tomó apuntes. El resto decidió descansar en su memoria. A mí, particularmente, me llamó la atención, pues soy de las que anotan hasta el suspiro y movimiento corporal de un testigo.

La jueza tomando apuntes

​Sobre la tardecita, el juicio había concluido, se habían dado los alegatos, el imputado había tomado la palabra, se impartieron las instrucciones finales. Quedaba el momento cúlmine: la deliberación de los doce. Se retiraron los suplentes, y ahí otra vez el equipo del Tribunal a cruzar los dedos para que no se descompusiera ningún jurado titular durante la deliberación. El oficial de custodia, firme en su puesto ante la puerta que los custodiaba a “ellos”.

​Nos retiramos por unos mates a esperar la deliberación, sin noción de tiempos. Tras la puerta, se oía mucha discusión, argumentación, distintos tonos de voces. Se estaba produciendo una real deliberación. La suerte del señor acusado se estaba resolviendo tras esa puerta, los murmullos eran incesantes. Y, por fin, los abogados estábamos al margen de esa decisión. Habíamos vuelto a las viejas democracias atenienses, a la deliberación popular, al sentido del pueblo.

​Luego de poco más de una hora de deliberación, la secretaria avisó: “Está el veredicto”. No puedo describir las sensaciones que se mezclaron. Me puse a imprimir algo que se me ocurrió podía necesitar para el cierre del debate (claro que no necesitaba nada más), di dos o tres vueltas más.  El Pueblo tenía su veredicto. El Pueblo…

​Volvimos a la sala. Ingresó el imputado y el jurado. Con el equipo de trabajo estábamos en un lateral. El jurado frente al imputado, iba a leerle su decisión. Nosotros, los abogados, no éramos parte de eso.

La presidenta del jurado lee el veredicto


​Yo, abogada, preocupada por las formas y las potenciales nulidades, antes que la Presidenta del jurado leyera su decisión, aún le pregunté si había puesto bien las “cruces” en los veredictos. En este momento me doy cuenta: estaba priorizando las formas frente al fondo de lo que se estaba decidiendo. Puedo ser más indulgente conmigo, pretendía cuidar la validez de lo que se estaba por anunciar. La Presidenta del jurado, asintió a mi consulta, y leyó los veredictos. Comuniqué formalmente la implicancia al imputado.

​Finalmente, leí al jurado las palabras de cierre y agradecimiento por su participación. Al remarcarles que el hecho de ser jurado, más allá de una carga pública, es también uno de los privilegios de ser ciudadano, y cuán importante resulta para el funcionamiento de la democracia, se me quebró la voz, y a duras penas terminé las palabras de despedida.

​Con el párrafo anterior pensaba cerrar estas líneas. Sin embargo, al compartirlas en el seno familiar, me acotaron que faltaba expresar cuán conmocionada llegué a mi casa esa noche, compartiendo las vivencias de la jornada vivida. “Bueno”, diría un querido colega…

Necochea, 15 de marzo de 2019

Leer noticias relacionadas:

AAJJ (12/03/19): "Necochea: Un jubilado fue absuelto de homicidio por actuar en legítima defensa de su hijo discapacitado y condenado por portación ilegal del arma" (ver nota principal)

jueves, 14 de marzo de 2019

SE PUBLICÓ LA PRIMERA INVESTIGACIÓN EMPÍRICA SOBRE EL JURADO EN AMÉRICA LATINA

Las politólogas Sidonie Porterie y Aldana Romano Bordagaray, del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP), publicaron “El poder del jurado, descubriendo el juicio por jurados en la provincia de Buenos Aires” .

Es un trabajo extraordinario y de primer nivel, que representa el punto de partida para la investigación empírica del juicio por jurados en Argentina y América Latina en la mejor tradición de las Ciencias Sociales para la Toma de Decisión del Jurado en el mundo anglosajón.

El informe presenta los resultados de la investigación de campo “Juicio por jurados y democratización de la justicia en Argentina”, realizada por el INECIP con el apoyo de la Embajada Británica. El libro se enfoca en la instauración del juicio por jurados en la provincia de Buenos Aires. Se trata de la primera publicación de este tipo en toda América Latina.