jueves, 27 de junio de 2019

SAN MARTÍN: Culpable de exceso en la legítima defensa en un juicio ejemplar

Durante esta semana se desarrolló un juicio en el que se debatieron hechos muy complejos en San Martín, provincia de Buenos Aires. Se acusaba a una mujer por el cargo de homicidio agravado por el empleo de arma de fuego, mientras la defensa sostenía que se trataba de un caso de defensa legítima.

Las jornadas del juicio se caracterizaron por una nutrida concurrencia de público, conformado por magistrados, funcionarios y empleados judiciales del departamento judicial, por abogados y por familiares de la víctima.

Fiscal María Fernanda Billone, jueza María Inés Piñeiro Bertot
y defensora oficial Roxana Oviedo, tras el veredicto

Las personas presentes pudieron ser testigos de un juicio ejemplar, de altísima calidad. La fiscal María Fernanda Billone y la defensora oficial Roxana Oviedo presentaron casos sólidos, fueron eficaces al presentar y controlar la prueba y se lucieron con claros y persuasivos alegatos finales. Todo ello ante la correcta conducción de la experimentada jueza María Inés Piñeiro Bertot (quien ya ha conducido siete juicios por jurados).


Hechos no controvertidos

En 2017, en el "Nudo 13" del complejo habitacional Ejército de los Andes de Ciudadela, más conocido como "Fuerte Apache", Héctor Adrián Samaniego (alias "Cucu"), de 29 años, recibió tres disparos efectuados por el arma de fuego en manos de Sara Magdalena Maidana, entonces de 32 años. Las heridas (una en una de sus tetillas, otra en el abdomen y otra en la espalda) produjeron una rápida muerte.

"Fuerte Apache", uno de los barrios más bravos del conurbano bonaerense

Se sabe que previamente se había producido una discusión entre ambos, durante la que también se encontraba presente la pareja de Sara.

La tiradora fue detenida horas después.

Hasta allí el relato de los hechos no controvertidos de este caso. Pero el análisis de las hipótesis planteadas por las litigantes demuestra que no todo era tan simple.


El caso de la fiscalía

La fiscal Billone expuso con claridad y simpleza un sólido caso: Maidana era la vendedora de drogas de la zona, Samaniego era uno de sus compradores, y "a sangre fría" decidió quitarle la vida en lo que no era otra cosa que un típico ajuste de cuentas narco.

Se apoyó en algunos hechos sólidos de su caso. Según relató, Maidana había tomado la decisión de buscar a su víctima para quitarle la vida, para ello bajó armada los tres pisos que separaban su domicilio de la cancha de fútbol ubicada a las puertas del complejo, lo enfrentó, sacó su arma y disparó tres veces.

Supo explotar un dato sumamente persuasivo: la hermana de Samaniego, junto a una amiga, relataron que se la cruzaron mientras bajaba las escaleras y, sin saber su propósito, le preguntaron si estaba vendiendo droga, a lo que -siempre según el relato de estas mujeres- Sara respondió algo así como "voy a atender a un gatito y vuelvo".

Esas dos mujeres eran testigos directos de los disparos.

"Voy a atender a un gatito"... fue una frase que la fiscal repitió varias veces en su alegato final. "Maidana decidió bajar tres pisos, armada, decidió apuntar el arma contra un Samaniego desarmado y decidió disparar... Maidana decidió matar a Samaniego a sangre fría" enfatizó.

Para sostener que la víctima se encontraba desarmada, se apoyó en que ningún arma había sido encontrada en la escena del crimen, ni entre sus ropas. Un policía declaró haber recibido, en el hospital, las pertenencias del fallecido y la fiscal se encargó de dejar en claro que entre ellas solo se encontraban sus ropas e, incluso, un envoltorio con droga, pero no un arma.

Tras escucharla, parecía claro que se había tratado de un homicidio liso y llano. Pero aun debía escucharse a la defensa.

La defensora y la fiscal junto a sus respectivos colaboradores

El caso de la defensa

La defensora Oviedo se ocupó de enumerar eficaz y contundentemente una serie de proposiciones fácticas que obligaban a pensar en una versión diferente del caso, desacreditando (o, al menos, relativizando) muchos de los puntos previamente enumerados por la fiscalía. Por ejemplo:
  • Las testigos jamás podrían haber visto lo que decían haber visto, pues desde donde se encontraban (conforme ellas mismas lo habían indicado) no lograba verse la escena de los hechos. Esto quedó claro a partir de fotos tomadas en el lugar.
  • Las testigos habían cambiado sus declaraciones en diferentes oportunidades, brindando relatos contradictorios. La defensora se encargó de sacar a la luz estos puntos, confrontando a las testigos con declaraciones previas en las que indicaban versiones mutuamente excluyentes.
  • Estas testigos, familiares de Samaniego, habían tenido motivo (interés en protegerlo) y oportunidad (quedaron solas en el lugar junto al cuerpo e incluso lo movieron de lugar) para ocultar un eventual arma de fuego en su poder.
Pero el caso de la defensa era mucho más profundo que eso, y se apoyaba en un dramático trasfondo.

Meses antes de estos sucesos, en el mismo barrio, la hija de Sara Maidana fue acribillada a balazos mientras se encontraba mirando películas en su casa junto a su hermano. Ese día, una banda de hombres comenzó a proferir amenazas y efectuó varias decenas de disparos contra la puerta, ejecutando a la joven que se encontraba detrás de ella.

Fue un golpe muy duro para Sara. Al juicio concurrieron psiquiatras que debieron tratarla durante aquel entonces y peritos que la examinaron una vez que fue detenida. Todos los profesionales de la salud coincidieron en que, a raíz del duelo, la acusada había quedado gravemente perturbada y sufría alucinaciones (en ellas, por ejemplo, se le aparecía su hija asesinada), aunque concluyeron que mantenía su juicio y podía dirigir sus actos conforme a derecho. "¿Puede sostenerse que una persona en ese estado mató 'a sangre fría', como sostuvo la fiscalía?", reflexionó la defensora.

Allí no terminó este trasfondo. Los autores del disparo fueron detenidos. Pero, según probó la defensa en el juicio, otros miembros de la misma banda (una pandilla local conocida como "los M16", como el nombre de un célebre fusil de asalto de las fuerzas armadas estadounidenses, popular entre las pandillas salvadoreñas del país del norte) comenzaron a amenazar a Maidana reprochándole aquellas detenciones.

El fusil M16

Las amenazas eran realmente preocupantes, y en otras oportunidades los agresores habían baleado la vivienda de su familia. La hermana de Sara declaró haber escuchado las detonaciones y haber visto cómo volaba la mampostería, y dijo que en esas ocasiones solo encontraba refugio debajo de la cama.

Sara realizó la denuncia, y otros integrantes de la banda fueron procesados y detenidos.

Pero las amenazas contra Sara no cesaron allí, continuaron en cabeza de "Cucu" Samaniego. Varios testigos refirieron que en varias oportunidades se lo habían topado en inmediaciones de la casa de Sara, armado y gritando "te mataron a la puta de tu hija, te re cabió, y así te vamos a matar a vos".

Para peor, esos testigos concurrieron a la sala de juicio aterrados y pidiendo declarar sin público, pues durante la noche anterior habían sido víctimas de indubitables aprietes mafiosos: en las rejas de sus casas fueron dejados casquillos de balas y en un momento se cortó la luz del "nudo" (la última vez que habían cortado la luz de esa manera había sido durante la noche en que habían ultimado a la hija de Sara).

Sara narró que sentía miedo frente a aquellas amenazas y que, por ello, se compró un arma en lo que, según refirió, había sido "la peor decisión de su vida".

La defensora Oviedo recalcó una pregunta ante el jurado: "la fiscal se preguntó por qué, si tenía miedo y recibía amenazas, no había hecho la denuncia... pero debemos preguntarnos ¿qué podía exigírsele a Sara?... le mataron a su hija, los autores fueron presos, recibió amenazas por ello, las denunció y los autores también terminaron presos, pero las amenazas continuaron, ahora en manos de Samaniego... los testigos fueron claros al contarnos cómo se vive en el Fuerte Apache... ¿qué podía hacer Sara, esconderse detrás de la puerta de su casa, como se refugiaba su hija cuando la mataron?"

Mural de "Carlitos" Tevez en su barrio natal
De hecho, luego de los sucesos, la familia de la acusada debió huir del barrio por los hostigamientos de parte de los miembros de la pandilla, y sus hogares fueron ocupados rápidamente. Con ello, la defensa también se hizo cargo de la alegación de venta de drogas: "¿Sara era la narco de la zona, y sin embargo ella y su familia fueron quienes debieron salir corriendo del barrio, con lo puesto y perdiendo todas sus pocas pertenencias? si verdaderamente fuera ella la narco ¿no debería haber sido al revés?".

Aclaró que era en ese contexto que los hechos se habían producido, y apoyó la versión de su defendida quien desde el inicio del juicio explicó lo que había sucedido.

Ese día, Sara advirtió que, una vez más, Samaniego se encontraba debajo de su casa, armado y profiriendo amenazas. Dijo "basta" y salió a enfrentarlo, junto a su pareja, decidida a ponerle un punto final a esa insoportable situación. Bajó armada, como habitualmente durante aquellos días, con el arma que había comprado por el temor que padecía. 

Lo confrontaron exigiéndole que cesaran las amenazas. En ese momento -según el relato de la acusada- Samaniego sacó un arma de fuego. La acusada disparó.

Luego se fue del lugar (no sin antes proferir un "acá nadie vio nada", según relataron las testigos de la fiscalía) y se deshizo del arma.

La defensa se encargó de rodear de gran verosimilitud a la versión de la acusada:
  • La hermana de Samaniego dijo que no estaba armado, pero fue ella quien cambió varias veces su declaración intentando perjudicar a Maidana y fue también quien tuvo motivo y oportunidad para ocultar cualquier arma (de hecho, ella y su amiga arrastraron el cuerpo varios metros, hacia a puerta de la casa de su familia).
  • No sería la primera vez que Samaniego andaba armado: ya había sido condenado por robo con arma de fuego y por portación de arma de fuego, amén que varios testigos relataron haberlo visto armado mientras amenazaba a Sara.
  • Además, Samaniego tenía otros antecedentes violentos contra mujeres: su ex concubina admitió haberlo denunciado y haberle impuesto una restricción perimetral por comportamientos violentes. Por ejemplo un día, en plena calle, en un acto de violencia de género, no había titubeado al atacarla salvajemente a golpes, a la vista de todos los vecinos.
En ese contexto, enfatizó que Sara se había defendido legítimamente de la agresión de un hombre violento, armado y vinculado no solo a amenazas anteriores sino también a la muerte de su hija, frente a quien además se encontraba en una situación de notable inferioridad física.

La defensora Oviedo en acción

Si tras escuchar a la fiscalía había quedado una sensación de claridad en favor del homicidio, la defensa se encargó de dejar asentado que las cosas no eran tan simples y las dudas eran más que manifiestas. La opinión generalizada era que podía tomarse cualquier decisión. Ambos casos eran sólidos y habían sido presentados con solvencia.


Las instrucciones y el veredicto

Antes de los alegatos de las partes, la jueza Piñeiro Bertot exigió al público presente que apagaran sus teléfonos celulares, dejando en claro que no iba a tolerar interrupciones.

La firmeza de su conducción fue tan evidente que ni el numeroso e intimidante grupo de familiares de Samaniego, presente en el fondo de la sala, se atrevió a levantar la voz, pese a que eran notorias las ganas de hacerlo, pues permanentemente murmuraban palabras de desaprobación durante el alegato de la defensa (que solo podían ser oídas por quienes se ubicaban cerca de ellos).

Se lograron, así, jornadas sin sobresaltos inapropiados.

Luego, tras un breve receso, la jueza leyó las instrucciones. Con suma claridad explicó el derecho aplicable y entregó al jurado el formulario con las opciones de veredicto, entre las que se encontraba el delito menor incluido de homicidio con exceso en la legítima defensa.

Así, el jurado debía decidir entre tres opciones de veredicto:
  • Culpable de homicidio agravado con arma de fuego, de acuerdo al requerimiento de la acusación.
  • Culpable del delito menor incluido de homicidio con exceso en la legítima defensa.
  • No culpable (opción sostenida por la defensa, de acuerdo a su planteo de legítima defensa).
A la espera del veredicto

Tras deliberar, el jurado encontró a la acusada culpable del delito menor incluido, responsabilizándola por haberse excedido al defenderse.

Resta, ahora, la celebración de la audiencia de cesura para la determinación de la pena correspondiente.