jueves, 11 de mayo de 2017

Mercedes: LOS JURADOS APLAUDIERON A LA JUEZA

Otro inesperado y emotivo momento se vivió en los Tribunales de Mercedes durante el juicio por jurados seguido contra Fernando Moreno, alias "El Uruguayo", por el delito de homicidio agravado por arma de fuego y en el cual fue declarado culpable por unanimidad.

Los jurados, la jueza y el personal del juzgado, tras el veredicto de culpabilidad

Sucede que el domingo pasado se desató un muy fuerte temporal de lluvia y viento que prosiguió hasta el lunes, día en que comenzaba el voir dire para este juicio. La juez Myriam Rodríguez temió que nadie se presentaría. Hasta ella misma tuvo que hace grandes esfuerzos para poder llegar a Tribunales en horario. Grande fue su sorpresa -y su emoción- cuando vio una fila de 40 personas esperando a que les abrieran la puerta a las 8 AM bajo una lluvia torrencial. Eran los jurados ciudadanos, que habían llegado escrupulosamente antes del horario fijado.

Minutos después se presenta el jurado n° 41. Llegó en su moto, empapado y pidiendo disculpas muy compungido por la tardanza. Ni la jueza ni nadie en la corte podían dar crédito ante semejante demostración de compromiso cívico y participación ciudadana.

Terminado el voir dire que eligió a los 12 jurados titulares y los 6 suplentes, la jueza tuvo que despedir al resto. Se voz se quebró por la emoción y el agradecimiento. De repente, sucedió lo inesperado: los jurados espontáneamente comenzaron a aplaudirla durante un largo rato.

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Una experiencia que nadie olvidará jamás y que justifica largamente el fin político por el cual los constituyentes incluyeron el juicio por jurados en nuestra Carta Magna.

EL JUICIO y LOS HECHOS: 

El 12 de diciembre de 2014, en la localidad de Moreno, el Uruguayo Fernando Moreno asesinó en su casa de un tiro a Luciano Rivero. No hubo testigos presenciales ni móvil del crimen.

Pero los vecinos del Uruguayo dieron cuenta que se jactaba en el barrio de que hacía "salideras", que robaba y que se ufanaba de no necesitar ir a trabajar.

Al parecer, todo se desató por un auto que se encontró en la casa del acusado. El Uruguayo sostuvo que la víctima habría ido a reclamarle el pago del rodado. El automotor -de dudoso origen, por cierto- le habría sido entregado por la víctima a cambio de un dinero. En el marco de ese reclamo, discutieron y, siempre según el relato del acusado, la víctima sacó un revólver, golpe va, golpe viene y forcejearon, con tanta mala suerte para la víctima que ésta se habría pegado un tiro en el ojo.

Para empezar, los testigos del barrio aseveraron que el Uruguayo no sólo que no sabía conducir, sino que jamás tuvo un auto. Pero la prueba fundamental fue que, producida la muerte, el Uruguayo lavó toda su casa con detergente y le tiró encima del cadáver un colchón de media plaza para que su señora no lo viera.

Pero, sin embargo, se ve que el finado Rivero era alto. O al menos más largo que el colchón. El colchón no alcanzó a taparlo del todo, ya que asomaba su cabeza ensangrentada. Le contó todo a su mujer, ésta no le creyó y, por ende, el Uruguayo decidió profugarse durante por lo menos dos años. Según trascendió en el juicio, su presencia habría sido detectada en Canelones, Uruguay.

Hubo un fuerte cruce entre el fiscal Guillermo Altube y la abogada Flavia Karina Astray cuando pasó a declarar la perito forense.

La patóloga desvirtuó completamente la versión del Oriental. Sostuvo que no hubo forcejeo y que no se hallaron marcas de golpes. En síntesis, una teoría del caso insostenible, que el jurado no se creyó.

Tras una larga deliberación, el jurado rindió su veredicto unánime: CULPABLE por HOMICIDIO.