jueves, 25 de mayo de 2017

SAN MARTÍN: jurados condenan al autor de otra absurda muerte por una pelea entre bandas rivales sin nombre

La señora Fabiana Pérez y el mudo testimonio de sus seres queridos
Es el 4 de enero de 2015 en Pablo Podestá, Tres de Febrero. Son cerca de las doce de la noche. El tórrido verano se abate sobre casas y habitantes de este populoso distrito del conurbano profundo de Buenos Aires. A la distancia, se escucha el ladrido de los perros y el incesante machacar de la cumbia villera. Hay chicos correteando por las calles, gentes en los patios y balcones conversando, mirando TV, tomando mate, tereré, vino en tetra, cerveza y vaya uno a saber qué más.

Pero no es una noche de verano cualquiera. También ronda "la pesada" por las calles.

De pronto, el inconfundible tableteo de los disparos de las pistolas 9 mm semiautomáticas quiebra la noche y se agrega al paisaje sonoro. Ahora, además de los ladridos y la cumbia, se escuchan gritos, corridas y una lluvia de plomo.

Una balacera infernal entre dos bandas rivales sin nombre -la fiscalía secuestró no menos de veinte vainas servidas- acaba con la vida de la señora Fabiana Pérez, madre de varios hijos y abuela de otros tantos nietos.


Ella escuchó los tiros y bajó asustada con su hija a buscar a sus nietos que jugaban en la vereda. En ese instante, una horda ululante de entre cuatro y seis muchachos que venían corriendo en tropel le descerrajan varios tiros, matándola.

La hija los reconoció en el acto: eran los hermanos Pachi y el Pepe Linares, el Pozudo Echeverría y el menor Nahuel Barrios.

¿El motivo? No quedó claro durante el juicio, pero a esta altura ¿tiene alguna importancia?

Lo cierto es que la cosa no terminó allí. La Ley del Talión se enseñoreó por Pablo Podestá, exigiendo inmediata retribución. Identificados ya claramente los autores, la familia Pérez salió a vengar en el acto la muerte de Fabiana. Reunió a una considerable cantidad de vecinos, más abundante nafta, gomas viejas y cajones de madera y se dirigieron a prenderle fuego a la casa de los Linares.

Ojo por ojo, diente por diente. La noche ardió aún más, mientras las llamas crepitantes devoraban la tapera de los coautores del crimen, iluminando las siluetas y los rostros de la enardecida multitud.

La policía detuvo a Pachi Linares y al menor Barrios. No se secuestró arma alguna.


EL JUICIO POR JURADOS

Dos años y cinco meses después se realizó el debate ante jurados populares. El juicio fue conducido de manera impecable, sobre todo las instrucciones al jurado, por la jueza Mónica Di Bendetto del TOC n° 4 de San Martín. La acusación corrió por cuenta de la fiscal Ana Armetta, clara y eficaz en la presentación de la prueba de cargo y alegatos.


La jueza Mónica Di Benedetto
La fiscal Ana Armetta

El abogado particular de Linares alegó que él no fue el autor de los disparos y presentó una defensa de coartada. Sostuvo que Pachi estaba en un asado. El problema fue que ese asado tuvo lugar a las 21 hs (la muerte fue tres horas después) y a escasas tres cuadras de distancia del dúplex donde ocurrió el asesinato. El jurado, obviamente, descartó la coartada.

El jurado 

Luego de tres días de juicio, llegó el veredicto del jurado, que declaró culpable como coautor del homicidio agravado por el empleo de arma de fuego a Ángel Alberto Linares, alias Pachi. Los familiares de la víctima estallaron en un emocionado aplauso y abrazos. Inclusive, esperaron a los jurados titulares y suplentes a la salida y los aplaudieron largamente. La fiscalía solicitó doce años de prisión por otra muerte absurda y sin sentido.