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miércoles, 8 de diciembre de 2021

ENTRE RÍOS: "Fueron a masacrarlo", dijo el fiscal del caso Viollaz, que tiene en vilo a la costa del Uruguay. El jueves se espera el veredicto

“¡Buen día, somos del correo!”: la historia forense detrás del robo y asesinato de un reconocido científico de 80 años en Entre Ríos

 
Pascual Viollaz, eminencia científica internacional
de la ingeniería química argentina


A Pascual Viollaz lo mataron a golpes tres de los seis asaltantes que integraban la banda que se metió en su casa de la ciudad de Villa Elisa, a fines del mes de mayo de 2020. Un "datero" jubilado con 50 años de carrera delictiva, Raúl José Grantón (que se hace el sordo), es señalado como el jefe y organizador del cruel ataque. Los otros acusados del homicidio en ocasión de robo son Luis "El Sordo" Herrlein, Juan Carlos "Maneco" Castro, Rosendo Larroza (estos tres son los que mataron a golpes a Viollaz), Andrea Amaro y Mario González.

El juicio por jurados contra esta temible banda termina el jueves y se sigue en vivo por YouTube. Hay una enorme expectativa en la provincia.

En Villa Elisa y en Colón no se habla de otra cosa que del caso Viollaz, al punto que los canales de TV locales suspendieron la programación habitual y transmiten el juicio en vivo y en directo por YouTube. 

En los colegios, negocios y lugares de trabajo se palpa el magnetismo que provoca en el Pueblo el juicio por jurados. Este caso, además, es el primer juicio por jurados de Colón y Villa Elisa. 


El fiscal Alejandro Perroud. Atrás, el juez
Rubén Chaia

LOS HECHOS

El periodista de INFOBAE Martín Candalaft realizó una gran nota que reproducimos aquí (ver).

" El 25 de mayo pasado por la mañana, Pascual Viollaz, ingeniero químico de enorme prestigio internacional e investigador jubilado del CONICET de 80 años, escuchó el timbre de su casa de la ciudad de Villa Elisa, en Entre Ríos. Se sorprendió porque vivía solo, no esperaba a nadie. Cuando se asomó, vio a dos repartidores, uno de ellos con una caja en la mano de la mejor confitería de Colón, Entre Ríos. Le pareció extraño porque tampoco tenía nada que recibir. "Es un obsequio de su hermano", le dijeron y le mostraron la nota, escrita de puño y letra por Mario González. 

Decidió abrir la puerta: esos dos hombres Herrlein y Larroza fue a los últimos que vio en su vida, porque lo llevaron a la muerte. Enseguida entró Maneco Castro, el peor de todos. Eran en realidad ladrones y la entrega, un cuento del tío.  Tan solo unos minutos tardaron en sentarlo en una silla, sujetarlo con precintos, ponerle una bolsa negra en la cabeza y golpearlo para que les dijera dónde estaba la caja fuerte donde guardaba los 50 mil dólares de una reciente transacción ganadera. Lo masacraron tanto a golpes que el pobre Viollaz murió asesinado.


La casa de Viollaz donde se consumó el crimen

El caso, entonces, fue caratulado como homicidio en ocasión de robo. Quedó en manos del fiscal Alejandro Perroud, actor clave de este caso.

“Inmediatamente se dio aviso a la fiscalía y se entró a la casa. El cuerpo tenía sangre seca por lo que en ese momento supimos que llevaba algunas horas muerto. En la casa estaba todo revuelto. Como el hombre vivía solo y no tenía visitas frecuentes no se pudo determinar cuánto le habían robado pero encontramos una caja fuerte abierta y vacía”.

Además, se llevaron la Toyota Hillux de Viollaz, encontrada con las puertas abiertas.

Pero en medio de la inspección, el equipo de criminalística comandado por el fiscal Perroud encontró un elemento que se convirtió en la clave de la investigación. Sobre una de las mesas de la casa, los delincuentes habían dejado olvidada la caja que habían usado de señuelo para engañar a la víctima haciéndose pasar por falsos empleados del correo, un error grosero.

La caja correspondía a una pastelería muy famosa de la ciudad de Colón que en su interior tenía solo pedazos de cartón para simular mejor el bulto y hacerlo más creíble. Además, colgaba de ella una esquela con el nombre manuscrito de la víctima. La división de criminalística de la Policía de Entre Ríos encontró, además, una huella dactilar sobre la caja. FUE LA CLAVE DEL CASO.  


La bella costa del Río Uruguay en Colón


Tras analizarla con un software de reconocimiento y compararla en el sistema de antecedentes descubrieron que esa impresión pertenecía a una mujer llamada Andrea Amaro, de 25 años, con domicilio en Concepción del Uruguay.

Las preguntas fueron obvias. ¿Quién era esa mujer? ¿Qué vinculación tenía con los delincuentes? ¿Podía ser ella una de las personas que ingresó a la casa y luego asesinó a golpes a Pascual?

En paralelo, mientras los detectives empezaban a atar cabos, llegó a la oficina del fiscal el resultado de la autopsia. El documento detallaba una gran cantidad de golpes de puño en la cara y el cuerpo y varias costillas fracturadas.

“Literalmente le pegaron y lo masacraron hasta que lo mataron. Fue sin piedad. Probablemente lo golpearon incluso estando ya atado de pies y manos. No hay lesiones de arma de fuego ni de arma blanca y tampoco asfixia. La bolsa en la cabeza probablemente fue porque no se bancaron ver lo que le hicieron”, conjeturaba uno de los forenses en un diálogo informal con la fiscalía.

Por esas horas llegó otra información importante que ayudó para formar el rompecabezas. Mediante trabajos de inteligencia, que incluyeron escuchas grabadas en una causa paralela por narcotráfico, se identificó al otro sospechoso clave: Luis Sebastián "El Sordo" Herrlein que vive en la ciudad de Colón. El dato fundamental: es el esposo de Andrea, la mujer de la huella en la caja.

Con la orden de realizar un allanamiento urgente, tres móviles de la Policía de Paraná llegaron a la casa del matrimonio sospechoso. Cuando ingresaron se encontraron con los otros tres integrantes de la banda (Maneco Castro, Mario González y Larroza). Los tres quedaron detenidos. Dentro de la casa encontraron precintos similares a los que tenía en su cuerpo Pascual, y trozos de cartón similares a los encontrados dentro de la caja empleada señuelo. Además, se secuestraron distintos manuscritos que servirán en un futuro para cotejar la letra de los acusados con la que figuraba en la tarjeta de la caja.

Pero había algo que no terminaba de encajar en la investigación: el auto en el que llegaron los delincuentes no venía en dirección desde Colón a Villa Elisa. Por eso se empezó a seguir el rastro con distintas cámaras de seguridad privada. Se determinaron dos cosas: que el vehículo en el que llegaron los delincuentes era un Citroën C5 (muy raro de ver en el pueblo) y que, antes del robo, había salido de una vivienda ubicada en una localidad cercana llamada Colonia El Pantanoso.

Cuando la policía entró a esa casa con una orden de allanamiento se encontró con Raúl José Grantón, un jubilado de 72 años que vive solo y que estaba con arresto domiciliario y permisos para salir a bailar. Fue inmediatamente arrestado y señalado como el cabecilla de la banda. 

Fue él quien pasó el dato con la guita de Viollaz y el que coordinó y organizó el ataque mortal. Viollaz era, además, productor ganadero y los días anteriores a su homicidio había realizado algunas importantes transacciones. Había vendido una importante cantidad de vacas. La principal hipótesis apunta a ese dinero, que Viollaz retiró del banco. Sin saber que el datero que se decía sordo escuchaba bastante bien, como lo hundió el fiscal Perroud en su alegato de apertura. ¿Sabían los delincuentes de esos movimientos bancarios? ¿Cómo?


Raúl Grantón, el coordinador del ataque y datero.
Se hace el sordo, pero no es sordo.

¿QUIÉN ERA PASCUAL VIOLLAZ?


Facultad de Ingeniería (UBA)


Pascual Viollaz era una suerte de ciudadano ilustre en Villa Elisa. Una luminaria de la ciencia argentina. Ingeniero Químico e investigador categoría 1 del CONICET, hacía más de 20 años que había vuelto a vivir a la casa donde terminó encontrando la muerte. Era profesor titular y emérito indiscutido del Departamento de Industrias y Petróleo de la Facultad de Ingeniería de la UBA. Además, tenía una extensa trayectoria con más de 60 publicaciones en revistas de prestigio internacional y hasta su asesinato era consultado por distintos estamentos académicos.

"Sus importantes aportes en el estudio y modelado de la transferencia de masa y calor en el secado y las propiedades de sorción de sólidos contribuyeron a hacer del Departamento de Industrias un referente internacional en el área de deshidratación de alimentos", reza el sentido comunicado de la Facultad al enterarse de su vil asesinato (ver)


EL JUICIO Y EL ALEGATO DE APERTURA DEL FISCAL PERROUD

Los diarios locales destacan un punto en común: el fiscal Alejandro Perroud no tuvo ninguna clase  de contemplaciones con los acusados. Literalmente los fulminó en su alegato de apertura, reproducido en video y en la prensa escrita.

“Cobardes” fue la palabra que más utilizó el fiscal Alejandro Perroud para calificar a los seis imputados del homicidio del ingeniero y productor de Villa Elisa Pascual Viollaz. "Fueron a masacrarlo". El fiscal prometió que mostraría  una catarata de pruebas de cargo, como testigos, cámaras de seguridad del auto usado por la banda, rastros, huellas y escuchas telefónicas demoledoras.


El juicio se hace en la Casa del Bicentenario en Colón


Proyectó la foto sonriente de Viollaz que ilustra esta nota y se despachó ante el jurado. Tras las instrucciones iniciales impartidas por el juez técnico, Rubén Chaia, el fiscal Perroud inició su alegato, que aquí lo ponemos íntegro. No tiene desperdicio. 

“Este hombre sonriente, canoso era Pascual Viollaz. Era ingeniero químico, en petróleo, había trabajado durante décadas en el Conicet, dando clases en la UBA, tenía por lo menos 60 publicaciones en revistas y libros internacionales, se había presentado en innumerables conferencias, era una referencia científica a nivel mundial, una fuente de consulta para científicos de todo el mundo. Lo teníamos aquí en Villa Elisa y muchos no lo conocíamos en esa dimensión”.

“Después de tantas décadas de trabajar arduamente en su ciencia volvió jubilado a Villa Elisa en 2005, y a pesar de que era un hombre que tenía muchas propiedades fruto de ese trabajo, vivía en su casa de Churruarín 440 de una manera austera, muy discreta. Cuando lo mataron, hacía una semana que había cumplido 80 años”.

“Él es el protagonista bueno. Los otros son los malos, que son parientes o amigotes. Estas seis personas que ven ahí formaban una banda, los seis planificaron el hecho, tuvieron parte y se beneficiaron porque se repartieron unos dólares mugrientos que le robaron a Viollaz”.

“Esa mañana del 25 de mayo de 2020, se reunieron en la casa de Grantón, cerca de Villa Elisa, que fue el datero, que tiene problemas para escuchar, pero escuchó que Viollaz tenía plata. Fue el organizador que dio las directivas para que este plan pudiera funcionar como funcionó de manera lamentable. Dieron unos rodeos y se dirigieron a la casa de Viollaz, que en esa mañana volvía de pasear sus caniches. No se avivaron que había cámaras de seguridad: quedaron filmados".

Acá aparece otro protagonista que es fundamental: una pequeña caja de cartón, de las que se usan para envolver tortas, de una pastelería de Colón. Estaba envuelta y rellena con cartones, una especie de encomienda. Llegaron con el cuento de que el hermano de Viollaz se lo mandaba. De esa manera vil, cobarde y rastrera fue como lo abordaron, lograron engañarlo y llegar a la casa”.

“El plan de estos cobardes era reducirlo, no servía ir a robar cuando no estuviera, tenía que estar para apresarlo, torturarlo, para que les dijera dónde estaba el dinero, dónde guardaba la plata. Iban directo a masacrarlo, iban sabiendo que iba a correr sangre esa mañana”, afirmó Perroud, y continuó su gráfico relato.

“Cuando Viollaz volvía con sus perritos se desató la barbarie, que es difícil de describir. A este anciano de 80 años lo agarraron en el patio de su casa debajo de un naranjo, no tenía heridas defensivas, lo llevaron a la rastra hasta dentro de la casa, lo ataron de pies y manos con precintos que llevaban preparados. Le pusieron una bolsa de tela en la cabeza y lo golpearon de una manera salvaje. Vamos a hablar las cosas como son: lo cagaron a palos, lo molieron a palos. La bolsa en la cabeza es lo que usan los cobardes para pegar sin impresionarse. Lo ataron en una silla, le quebraron cuatro costillas, la cara de Viollaz quedó desfigurada, los testigos y los médicos van a contar cómo lo dejaron”.

Luego, el fiscal explicó cuáles son las principales pruebas reunidas en la investigación: “La caja tenía huellas digitales de Amaro, González y Larrosa. Quien escribió esa suerte de remitente, esa nota donde le hacían creer que su hermano le mandaba un paquete, fue González. Herrlein, que en esa vorágine aprovechó con una asada forzar la puerta de un galón del patio para ver si se podía llevar algo más, también dejó sus huellas palmares en el marco de una puerta, no va a poder decir que no estuvo ahí. Larrosa, que se llevó la camioneta de la víctima, dejó las huellas de sus zapatillas en el garaje y en el lugar donde abandonó la camioneta, a un costado de la ruta 130”.

También refirió los videos: “El vecino de don Pascual tiene una casa de repuestos que tiene cámaras. Van a ver videos y les van a explicar el recorrido del momento en que pasa el vehículo esa mañana, y unos minutos después cuando se va la camioneta que se roban”.

En el juicio también habrá testigos especializados que explicarán los informes de telefonía celular que ubican las líneas de los imputados con numerosas llamadas entre sí, captadas por la antena de Villa Elisa, pese a que casi todos son de Colón y Concepción del Uruguay.


El prefecto Minetti captó las escuchas
y las analizó ante el jurado

Por otro lado, el fiscal sorprendió con otra prueba que tiene en el legajo: una escucha telefónica que se registró en el marco de una investigación por narcotráfico que desarrollaba la Prefectura, donde casualmente captaron una conversación de uno de los sospechosos en esa causa con la hermana de Noelia Amaro: “Habla hasta por los codos cuando tiene el teléfono intervenido y ella les va a contar casi toda la historia, ella lo va a contar, casi todo”, aseguró Perroud.

Por último, el fiscal señaló lo que hicieron los imputados luego del homicidio. Herrlein, por ejemplo, se deshizo del chip de su celular y pretendió vender su auto, utilizado para el crimen.

“Después del hecho se fueron a Uruguay a repartirse la plata entre los seis, suponemos nosotros que eran 50.000 dólares. Pero ni ellos saben cuánto se llevaron porque en el interín parece que hubo uno que se quedó con una parte que no le correspondía y otro quería más de lo que le tocaba”.

En este sentido, Perroud le dijo al jurado: “Esto, para que tengan una idea de la clase de gente que estamos juzgando, porque de una manera cobarde lo engañaron a Viollaz, pero luego se engañaron y robaron entre ellos. Acá van a querer venir a engañarlos a ustedes, a decir que uno no estuvo, que solamente tocó la caja, que otro andaba paseando… mentiras, esto es una banda criminal que planificaron durante un tiempo el robo.

Y remató: “Lo dejaron desfigurado en un charco de sangre a un hombre que volvía de pasear el perro. Cuando este juicio termine, les voy a pedir que recuerden estas cosas y siempre el número 6, porque el plan fue de los seis, lo ejecutaron y lograron su cometido. Cuando les pida un veredicto voy a pedir que sea de culpabilidad por el delito de homicidio en ocasión de robo”.


LAS DEMOLEDORAS ESCUCHAS TELEFÓNICAS

En el segundo día del juicio, el fiscal Perroud le hizo escuchar al jurado la parte de las mencionadas escuchas telefónicas que el juez Rubén Chaia, con buen criterio, le autorizó a reproducir para no contaminar al jurado con el profuso prontuario de la banda. Veamos algunos diálogos demoledores.

Las escuchas fueron introducidas junto con el contundente testimonio del prefecto Hernán Minetti, que se desempeña en el Área de Inteligencia Criminal e Investigaciones, con capacitación nacional e internacional y estudios universitarios. Al momento del hecho era el jefe de la Delegación de Inteligencia Criminal e Investigaciones de la Prefectura Zona Bajo Uruguay y seguía las llamadas de una banda de narcotraficantes.

De esas escuchas surgieron llamadas que estaban relacionadas al hecho que la banda iba a cometer en Villa Elisa y otras con posterioridad al mismo, por lo que se reanalizó la situación con la hipótesis del homicidio, nombrando entre estas escuchas al Sordo Herrleing, Larroza, Amaro y una persona apodada Maneco y otra “El Chino”, entre otras, siendo este último el que más interactuaba con todos.

“Somos seis para repartir”. "El Chino manejó todo lo previo y organizó el robo, que “salió todo mal”, ya que “el viejo era muy conocido en Villa Elisa”

El audio de la hermana de Andrea Amaro es contundente y literalmente determinante en los roles de los implicados, ya que dio los nombres de cada uno de los 6 y resaltó que “hicieron un robo para el orto”.

No sólo eso: en las escuchas surgen discusiones a puro insulto porque se mejicanearon la guita afanada entre ellos.

Nadie en la sala daba crédito a lo que escuchaban. Los jurados y los presentes miraban atónitos.

El jueves será el veredicto.

Leer noticias aquí:

- Infobae (15/6/20): "“¡Buen día, somos del correo!”: la historia forense detrás del robo y asesinato de un reconocido científico de 80 años en Entre Ríos" (ver)

- UNO Entre Ríos (2/12(21): "Juicio por homicidio de Viollaz: "Fueron a masacrarlo" (ver)

- 03342 Noticias Ahora (6/12/21): "“Eran seis para repartir”. Contundentes desgrabaciones en la tercera jornada del juicio por el crimen de Pascual Viollaz" (ver)