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viernes, 26 de agosto de 2022

AZUL: No culpable para tres hombres acusados de abuso intrafamiliar en Tandil


Durante el jueves y viernes, tras años de postergaciones por la pandemia, se realizó un juicio por jurados en el que vecinos comunes resolvieron la suerte de tres hombres acusados de abusar sexualmente de menores por años. Eran el padre, el tío y un primo de los menores. Para el jurado, los dichos de los niños que contaron los aberrantes sucesos y la contrariada historia de su madre que motorizó la denuncia no resultaron creíbles y dictaron un veredicto de no culpabilidad unánime. Estuvieron tres años con prisión preventiva y recuperaron la libertad.
 

LOS HECHOS


Allá por el año 2018 la policía, por orden judicial, detuvo al trío a partir de lo que habían relatado dos hermanos menores de edad, quienes a través de la Cámara Gesell hablaron de abusos sostenidos y reiterados por años, inmersos en un hogar de extrema violencia y vulnerabilidad entre sus progenitores.

Primero, la Justicia de Garantías ordenó sus detenciones por los hechos ventilados. Meses más tarde, la Cámara de Apelaciones rectificó el rumbo de la causa, considerando que resultaban inverosímiles los relatos de los menores y decretó la excarcelación de los apresados. Más luego, vía apelación, Casación volvería a ratificar la validez de las imputaciones y ordenó volver a detener a los tres acusados.

Durante tres años los implicados estuvieron en la unidad penitenciaria esperando por esta instancia, con las postergaciones que demandó la pandemia.

La prueba medular del caso fue el testimonio de los niños que dijeron haber sufrido abusos por años de parte de su papá, su tío y el primo de estos. La mamá y su pesada historia, peritos psicólogos, psiquiatras, médicos, docentes, trabajadores sociales, familiares de los presentados como víctimas y victimarios fueron quienes dieron testimonio de esta historia.

En verdad lo que se ventiló en la sala de debate procuró esclarecer lo denunciado por aquellos niños, hijos de esa mujer que lucía las cicatrices de una vida turbulenta signada a golpes y vejaciones. Relatos que fueron reproducidos en Cámara Gesell en la que contaron reiterados abusos sexuales en manos de su propio padre y tíos. Pero antes de ver y escuchar a esos chicos a través del proyector, las partes querían desandar sobre la vida de esa mamá, la cual sería clave a la hora de lo que estaba en juego.

A los 16 años Natalia se fue de un hogar extremadamente violento. Se casó con un hombre con el cual suponía se iba a liberar de sus tormentos en su seno filial. Con el tiempo resultó un capítulo más a su pesadilla. Tras concebir tres hijas y estar sometida sexualmente, aquel compañero de vida que había elegido para escaparse de los golpes y vejaciones le consiguió un trabajo: ejercer la prostitución bajo su custodia. 

Desfiló por varios cabarets de aquellos días, hasta que salió de esa perturbadora relación. Siguió trabajando "en la noche" y conoció al joven que por entonces era menor de edad, con el que formó pareja y tuvo dos hijos, los cuales son los que realizaron las denuncias de abusos.

La cruenta historia de la mujer sería contada por ella misma a cuenta gotas ante el interrogatorio del fiscal y el defensor. Luego, sería la trabajadora social quien ratificó y amplió sobre esa vida maltratada. Es más, su caso valió para que mesas interdisciplinarias de violencia de género tomaran su historia como caso testigo. Incluso fue abordado académicamente y representó una tesis sobre la temática en la Universidad. Cómo fue que esa mujer pasó por todo lo que pasó ante un sistema que no supo dar repuestas de contención.

La mujer reseñó cuando fue separada de sus hijos por ese padre abusador. Incluso -dijo- por tres años no los vio y los niños creyeron que estaba muerta. En su revinculación fue cuando surgió el develamiento de la niña primero, el niño después.



A más drama a esta triste historia, esos niños hoy han retornado a una casa de contención por una medida de abrigo judicial. La menor, hoy de 16 años, por irse de la ciudad con un hombre mayor. El hermano, de 13 años, sacado del contexto familiar por sensibles problemas de alcohol y drogas.

Fue la propia madre, ahora en su testimonio en el juicio, que contó sobre los problemas de sus hijos en la actualidad. En tanto el padre, que estaba siendo juzgado, se enteraba de esos problemas en la sala de debate.


EL JUICIO


Las maratónica audiencias del juicio por jurados concibieron una veintena de testimonios de profesionales y vecinos relacionados a los protagonistas, con las Cámara Gesell de los menores como el plato fuerte del debate, a la hora de mensurar de parte de los jurados la credibilidad o no de los mismos, de eso dependía la suerte del final de esta sórdida historia volcada en centeneras de expedientes judiciales, del ámbito civil, familiar y penal.

Tras la Cámara Gesell ventilada en el debate, ambas víctimas relataron el horror padecido por años de manos de los acusados, a quienes incluso a uno de ellos fue identificado en rueda de reconocimiento ya que apenas lo conocían por el apodo. A más precisiones, los imputados resultaron Claudio Javier Ramírez, Diego Salazar y José Alberto Frutos.

Tras escuchar el casi medio centenar de testimonios citados para la ocasión, el juez Guillermo Arecha preguntó a la Defensa si sus clientes iban a hacer uso de la palabra. El papá acusado y su hermano le hablarían al jurado. El primo, de quien pesaba otra acusación por otro abuso de otra menor, no. La razón aclarada por el propio defensor era que el joven era casi analfabeto, con severos inconvenientes para comunicarse con palabras, por lo que prefirió no verbalizar sobre su pedido de inocencia.

Claudio Ramírez, entonces sería el primero que en tono calmo y sin sobresaltarse en todo su relato rompió el fuego y mirando a los jurados dijo que estaba privado de la libertad injustamente: "Que te acusen de algo tan horrible duele, no es algo que le deseo a alguien" dijo, para luego sostener que estaba tranquilo en saber que sus hijos no habían sido abusados, ni por él ni por su hermano y su primo.

Aludió a que seguramente no fue un papá perfecto, pero jamás cometería semejantes hechos con sus hijos.

Se refirió como ejemplo de aquella "locura" de relación violenta las quemaduras que la mujer exhibe en su rosto y que demandó aquella internación. "Que digan ahora que la prendí fuego también me dolió, cuando en verdad fui quien le salvó la vida", expuso.

Sobre el sentimiento que tenía para con quien fue su mujer y ahora había motorizado la denuncia de sus propios hijos, respondió que le tenía "lástima" por dónde "terminó su manipulación", mostrándose apenado porque ahora se enteró que sus hijos estaban bajo una media de abrigo por los problemas conocidos. Cabe consignar que desde las denuncias y su arresto, nunca más volvió a ver a sus hijos.

Ramírez no encontró las razones de por qué sus hijos lo acusaron de semejantes sucesos, apenas especuló con aquella manipulación de su madre. Tampoco obvió mencionar sus ganas de recuperar su libertad y vivir con la nueva familia que supo construir, con otros hijos ya concebidos.

Su hermano, Diego Zalazar Ramírez, también hizo uso de la palabra, y aún más mostrando su desconcierto de las razones por las que había arribado a esta instancia y detenido, gritó su inocencia. Insistió en que nunca tuvo ningún problema con la sobrina que lo señaló, que jamás abusó de ella, que todo era una locura, suplicando que toda esta pesadilla terminara, que culminara la mentira y él pudiera volver a su casa, con los suyos, incluso con un hijo recién nacido por criar.


LOS ALEGATOS


Al turno de los alegatos, el fiscal Gustavo Morey explicó al jurado por qué estaba convencido que los hechos ocurrieron y, consecuentemente, iba a pedir que los acusados sean declarados culpables. Habló sobre la prueba fundamental del caso, los dichos de los menores, pero que por sí solos no debían considerarse como única prueba, sino que el conjunto de elementos ventilados a lo largo de las dos extensas jornadas de debate formaban la convicción suficiente para darles credibilidad y robustez a las imputaciones.

Desgranó sobre los abusos denunciados y aclaró que si bien los informes médicos refirieron que no se evidenciaron signos de penetración como refirió la niña cuando contó lo que contó, debía tenerse en cuenta que muchos de dichos actos sexuales habían sido vía oral y, otros tantos, por el roce o intento de penetración que provocaron los dolores que la niña relató. Sí puntualizó sobre la lesión que efectivamente presentaba el nene en la zona anal, como otros tantos detalles que los propios médicos dejaron en sus respectivas historias clínicas.




No evitó referirse a los cuestionamientos sobre la madre de los niños y los intentos de la defensa de dejarla como la mentora de toda esta falacia. Consideró que más allá de la contrariada historia de vida de la mujer, no evidenció animosidad contra su expareja, ni ánimo de venganza, y volvió sobre aquel suceso violento en que ella terminó quemada. Al respecto, aclaró que ella siempre se mantuvo en que no recordaba lo que había pasado y que recién hace un par de años su propia hija le contó que había sido quemada por su papá.

Ya apuntando sobre el acusado Frutos, aclaró al jurado que las dos denuncias vinieron por carriles distintos. Que ni los menores ni las madres tenían relación y, sin embargo, por sus propias vivencias lo denunciaron por abusos.

Al turno del defensor, Pablo Molina Marañón expuso un vehemente y locuaz alegato que logró captar la atención del jurado a pesar de las largas y, por momentos, tediosas horas transitadas en dos días. Molina fue a los dientes y atacó la credibilidad de la mujer que llevó a sus hijos a realizar la denuncia. La acusó de mentirosa y se detuvo en distintas circunstancias, acciones u omisiones de la testigo para robustecer su idea y poner en crisis su credibilidad. 

"Aquí no hubo casualidades, hay causalidades", dijo el abogado a la hora de desandar su hipótesis sobre la mendacidad de la mujer que manipuló a sus hijos para decir lo que dijeron, transformando esos relatos en inverosímiles, tal lo había planteado en el instrucción la Cámara de Apelaciones.

Tras achacar las fragantes contradicciones en las que había incurrido en sucesivas declaraciones la polémica mujer sobre los sucesos de violencia y aquellas quemaduras sufridas, apuntó que las denuncias de los chicos se propiciaron cuando volvieron a tener contacto con ella, tras años de ausencia.

Ya sobre los abusos de la menor, subrayó lo irrazonable que resultaba que ante semejantes actos de abusos descriptos la menor no revistiera ninguna lesión, tal rezaba su historia clínica. Además de descreer que esas tres personas y un menor que fue desestimado por su condición de inimputable, pudieran abusar de ella casi todos los días por años sin que nadie advirtiera nada. 

A la vez, no dejó de adentrarse en las otras acusaciones sobre la venta de droga en las puertas del Casino, asunto que no formaba parte del debate pero que le sirvieron al defensor para ahondar en lo poco creíble que resultaron los relatos de los chicos.

EL VEREDICTO


El jurado se expresó de manera contundente: decidieron que, por unanimidad, los tres señalados no eran culpables de lo que se los acusó. Ya en la medianoche del viernes, primeros minutos de ayer, el servicio penitenciario liberaba a Claudio Javier Ramírez, Diego Salazar y José Alberto Frutos, los que estuvieron arrestados por tres años y ahora recibían el veredicto absolutorio.

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- Diario El Eco (28/08/2022): "Un jurado popular sorprendió con su veredicto por unanimidad y tres acusados de abuso recuperaron su libertad." (Ver aquí)