viernes, 13 de mayo de 2016

SAN MARTIN: veredicto "no culpable" para remisero policía a quien la propia fuerza le armó una causa en la que estuvo dos años preso

Esta semana se llevó a cabo un juicio por jurados en San Martín, en la provincia de Buenos Aires, en el que la fiscalía acusaba al remisero y ex policía Jorge Gaj de tentativa de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y lesiones graves contra civiles. El jurado popular, por unanimidad, declaró no culpable al acusado.



Lo sucedido en el juicio ante el jurado popular demostró que la causa estaba completamente armada por personal operativo de la Comisaría de San Miguel 3°. Todo indicó que los hechos habían sido tergiversados y fraguados. Sólo que en vez de estarlo en contra de un civil, la víctima era un policía que se negó sistemáticamente a cohonestar prácticas habituales de corrupción.


Causa armada: trasfondo

Jorge Gaj era un policía común y honesto. Como todos ellos, lamentablemente, sus bajos salarios lo forzaron a hacer adicionales de custodia en un cementerio judío y a poner un pequeño negocio de kiosco y remisería en el que operaban dos autos: el de Gaj y el de su esposa. Con esos ingresos subsistía la familia.

Gaj, quien estaba próximo a ascender a subcomisario, tenía frecuentes problemas con la Comisaría de San Miguel 3° por las coimas que le pedían para ejercer tales actividades (de acuerdo a lo que declaró en el juicio ante el jurado popular). Como se negó sistemáticamente a entrar en esa lógica, le inventaron todo tipo de sumarios y causas penales (como una por amenazas contra su ex suegra).


Los hechos de este caso: la represalia final contra Gaj

La persistencia de Gaj en negarse a pagar coimas habría llevado las cosas hacia una situación límite y provocado que fuera imputado falsamente en este caso.

Gaj en realidad había sido víctima de una agresión de una turba de dos bandas rivales frente a su remisería durante el Carnaval de febrero de 2014. Le bajaron los dientes de un piedrazo, le robaron toda la mercadería del remís-kiosco de su propiedad y de su esposa, lo incendiaron y perdió todo.

La policía de San Miguel 3° (a propósito, según reflexionó) no intervino resguardando el orden y, no conforme con ello, terminó acusando a Gaj de haber disparado con su arma y herido gravemente a uno de aquellos civiles.

Como consecuencia de esto, Gaj terminó siendo acusado, detenido, preso por dos años y exonerado de la policía. 

Comisaría San Miguel Tercera

El juicio y la controversia sobre los hechos

De acuerdo a la hipótesis de la acusación, a cargo del Fiscal Edgardo Ledesma, el acusado Jorge Gaj había abierto fuego con su arma reglamentaria contra un grupo de personas en medio de un conflicto vecinal producido tras los festejos de Carnaval, provocando a varias de ellas heridas de carácter leve. Todo ello, de acuerdo a lo informado por el acta de procedimiento de fs. 1 labrada por el Subcomisario Luis Manresa (la controversia sobre esta acta resultó ser decisiva en el debate).

Los hechos ocurrieron el 16 de febrero de 2014, en la puerta de una remisería.

Pero las cosas no resultaron ser tan claras como podría pensarse.

En una notable decisión estratégica de litigación, el abogado Oscar Kemerer decidió que el alegato de apertura ante el jurado lo efectuara el propio Gaj.

Fue un momento de gran tensión. El jurado vio sentarse a un hombre joven, correcto, de buena presencia, que les contó que tenía una esposa y dos hijas y que debió hacer adicionales y trabajar de remisero para poder llegar a fin de mes. Contó también que sus propios compañeros de la Comisaría  le exigían como coima un porcentaje del dinero adicional que él pudiera obtener por aquellas actividades.

Le contó al jurado que él se negó sistemáticamente a ser parte de esa red de corrupción y que, como consecuencia de esa negativa, empezó la persecución en su contra y el invento de esta causa que lo mantuvo injustamente en prisión por dos años. Describió con lujo de detalles ante el jurado popular todas las prácticas ilegales de las que había tenido conocimiento estando en aquella Comisaría. Finalmente, contó que el líder de la banda de policías corruptos, quien también lideraba el complot en su contra, era un subcomisario de apellido Manresa (aquel que había labrado el acta de procedimiento). Agregó que en el barrio era por todos conocido que este funcionario tenía vínculos con la droga y que era un adicto consumado.

Respecto de los hechos, Gaj explicó al jurado lo que verdaderamente pasó ese día y que el jurado probó como ciertos. Ese día de Carnaval se habían peleado dos bandas rivales delante de su remisería. Agregó que, como suele suceder, empezaron a apedrear su negocio, y que salió dos veces a pedirles que se retiraran hasta que en un momento recibió un piedrazo que le bajó todos los dientes. Precisó que recién ahí sacó su arma reglamentaria, apuntando hacia arriba, y se identificó como policía ordenando que se retirasen, pero que varios integrantes de esa turba le manotearon el arma, de la cual salió un disparo que no hirió a nadie. Lo golpearon, saquearon su kiosco, le robaron todo, y le prendieron fuego. Esto fue todo lo que sucedió, aclaró, y remarcó que la pasividad de sus compañeros de la Comisaría San Miguel 3° había sido total. Finalmente, Gaj le contó al jurado que, en represalia por querer seguir siendo un policía honesto, lo detuvieron en el acto y lo imputaron por tentativa de homicidio.

De este modo, y con este nivel de impacto, terminó el alegato de apertura de Gaj ante el jurado popular. Había marcado definitivamente el derrotero del juicio. Desde ese momento en adelante la prueba de la fiscalía y los testigos de este hecho iban a ser vistos a la luz del prisma de esa teoría del caso.



El testimonio del Subcomisario Manresa

A medida que desfilaba la prueba de la fiscalía, la acusación se caía a pedazos. Por ejemplo, la mayoría de los atacantes de la remisería (supuestas víctimas de los disparos de Gaj) no concurrieron al juicio por estar presos. El único que concurrió reconoció que nunca había sido herido y que solo había entrado al Hospital para visitar a su hijo.

La suboficial Noelia Romero, cuya firma constaba en el acta de procedimiento de fs. 1, reconoció ante el jurado que jamás había estado en ese lugar, con lo cual el testimonio del Subcomisario Manresa era esperado con gran expectativa.

Enorme fue la sorpresa para el juez, las partes, el público presente y el jurado, cuando el subcomisario Manresa hizo su entrada a la sala de juicio: apenas podía mantenerse en pie y era evidente que estaba bajo los efectos de algún tipo de sustancia. Incluso tuvieron que ayudarlo a sentarse. Durante el testimonio se lo vio verborrágico, inconexo, con ademanes ampulosos y hablando en voz alta. Para el jurado, esto selló definitivamente la suerte del juicio: todo lo que les había contado Gaj en el alegato de apertura era verdad. Una vez más, el viejo apotegma forense de "a confesión de parte, relevo de pruebas" volvía a demostrar su acierto.

El defensor Oscar Kemerer le hizo una simple pregunta: "Subcomisario Manresa, ¿podría mostrarnos su firma en el acta de procedimiento?"

Aun mayor fue la sorpresa cuando Manresa, tras casi 20 minutos de hojear delante del jurado todo el expediente, no sólo no pudo encontrar su firma, sino que tampoco pudo siquiera reconocer el acta de procedimiento de fs. 1 en el que figuraban todos estos supuestos hechos. No existía firma suya alguna en el acta famosa de fs. 1. La causa se había caído definitivamente.

El juez Moramarco Terrarosa, visiblemente fastidiado y molesto por la situación, lo llamó al orden varias veces ante sus evasivas, ordenó que respondiera la pregunta al abogado de la defensa y, además, informó a la jefatura departamental su comportamiento durante el debate.

Ya no había mucho más que hacer. Por más esfuerzos que intentó el fiscal Ledesma por sostener la acusación (aun incluyendo el delito menor incluido de abuso de armas), tras las instrucciones del juez, el jurado rindió un veredicto unánime de no culpabilidad.




Consecuencias del veredicto

El veredicto absolutorio del jurado fue una reivindicación no solo moral para Gaj, sino que le permitió recuperar en el acto la libertad injustamente perdida durante dos años, y le permitió iniciar un proceso administrativo contra la policía por haber sido exonerado de la fuerza como consecuencia de su detención.

La Fiscalía de Malvinas Argentinas, a cargo de Gloria Reguan, es la que investiga actualmente el proceder irregular del personal policial de la Comisaría San Miguel 3° que intervino en este procedimiento fraguado.