sábado, 3 de junio de 2017

LA PLATA: Los jurados absolvieron a un hombre injustamente acusado de un robo

El tercer juicio por jurados llevado a cabo en La Plata encontró “no culpable” a Matías Miguel Muñoz, quien llegó al debate acusado de haber robado y privado de la libertad a Carlos Ramírez en la localidad de Guernica en agosto de 2015. Según la tesis de la fiscalía, Muñoz, junto a otros dos más, entraron a robarle a la víctima extrañamente vestidos con uniformes policiales. La prueba de la autoría de Muñoz se fue diluyendo por completo, sobre todo durante la segunda jornada del debate.

Se trata de la primera vez en la que un jurado popular, compuesto por doce miembros, decide no condenar a un imputado en el distrito de La Plata, lo cual sí ocurrió en las dos ocasiones anteriores en 2016. El debate, a cargo del juez Claudio Bernard, se desarrolló durante dos jornadas y, tras casi dos horas de deliberación, emitió un veredicto de inocencia.

El juez Claudio Bernard

El primero en declarar había sido la víctima del hecho, quien relató, en coincidencia con lo expuesto por la fiscal Silvina Langone, que estaba en su taller mecánico junto con sus dos empleados cuando, alrededor de las 18.30, “paró un Gold Trend gris y bajaron tres tipos vestidos de policías, uno de ellos con un arma. Nos pidieron los papeles de los vehículos y les di la cédula verde. Uno de ellos me hizo pasar con él al baño, me preguntó si tenía algo que me comprometía y le dije que no”.

En el segundo día fue el turno del imputado, quien se declaró inocente desde un primer momento y acusó a la policía de haberle armado la causa. En efecto, Muñoz manifestó que fue víctima de una persecución constante por parte de la policía, al tiempo que agregó que agentes del orden lo golpearon al momento de detenerlo.

Además manifestó que nunca tuvo antecedente alguno y que estar alojado en la Unidad Penal 1 de Olmos resultó para él una experiencia traumática, a punto tal que hasta tuvo que someterse a un tratamiento.

El acusado Muñoz
Una prueba de demostración resultó fundamental: se le exhibió a Muñoz la escopeta Itaka secuestrada en el hecho y se le pidió que se parase junto a la misma con el fin de probar si una persona de su porte era capaz de empuñar un arma semejante. Fue evidente que eso era imposible.

Pero, para rematar la debilidad de la tesis acusatoria, cuando fue traído a declarar el testigo de identidad reservada, dio vuelta por completo su testimonio, sellando así la suerte del juicio. El jurado consideró que la fiscalía no probó más allá de duda razonable la autoría de Muñoz.

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