viernes, 11 de agosto de 2017

BAHÍA BLANCA: No me tiren con cuchillos, tírame con tenedor. CULPABLE

Ni en el Twist del Mono Liso, de la inolvidable poetisa Mariana Elena Walsh y que hiciera las delicias de generaciones de infantes argentinos y de Iberoamérica, se podría retratar mejor la escena paranoide que dio motivo al último juicio por jurados en Bahía Blanca, que finalizó con un veredicto de culpabilidad a Gustavo Armans (19 años) por el delito menor incluido de lesiones.

El juez y profesor Eduardo D´Empaire
La imputación del fiscal Eduardo Zaratiegui fue por tentativa de homicidio, pero el jurado la descartó por no probada. De hecho, para los amantes de la dogmática penal, el jurado interpretó de manera restrictiva -como corresponde según la Constitución- la siempre apasionante discusión acerca de la diferencia exacta entre el dolo de matar y el dolo de lesionar en una imputación por tentativa de homicidio.

El juez Eduardo D´Empaire condujo el debate y la defensa estuvo a cargo de los defensores oficiales Sebastián Cuevas y Fabiana Vannini. Según los observadores, el juicio estuvo muy bien preparado por ambas partes -fiscalía y defensoría- las instrucciones del juez impecables y el veredicto, en definitiva, fue correcto y razonable de acuerdo a la prueba producida.


Fabiana Vannini y Sebastián Cuevas, defensores públicos

Fiscal Eduardo Zaratiegui

LOS HECHOS

Los hechos se sucedieron así. La familia Armans, según se probó en el juicio, es una familia de frondoso prontuario que acostumbraba a zanjar sus diferencias mediante el empleo "impropio" de utensilios de cocina.

El Tramontina secuestrado

Lo cierto es que el 31 de octubre de 2016, en la casa ubicada en la calle Saavedra 2615 de la humilde barriada bahiense de Villa Esperanza, la eterna y absurda discusión familiar "para ver quién mandaba en la casa" fue subiendo de tono y terminó con Gustavo Armans, en ese entonces de sólo 18 años, dándole un puntazo con un Tramontina en el omóplato a su tía. La herida fue un tajo de apenas dos centímetros, aunque requirió su traslado al nosocomio zonal para unas primeras y efectivas curaciones. La abuela dijo basta y llamó a la policía.

El chico fue detenido cuando se presentó en la escuela media 8, de calle Piedrabuena al 300, tras ser convocado por la directora del establecimiento, quien se enteró por los medios y decidió llamar al 911. El joven quedó preso ocho meses por tentativa de homicidio.

La canchita de Villa Esperanza


EL JUICIO: María Elena Walsh, el Mono Liso y después.....


Grande fue la sorpresa del jurado cuando llegó la famosa tía al juicio, Fiorela Solange Armans. Era la testigo estrella, la que todos queríamos oír. Claro, uno esperaba que se apareciera la clásica tía Dominga de 50 años, pelo recogido en rodete, aire marcial, sobria vestimenta o algo parecido. Pero no. Entró al recinto una atractiva joven de 22 años, jeans, largos bucles azabache y, por sobre todo, de un carácter híper volcánico. Más que la tía, parecía la hermana o la prima del acusado. Los jurados y los presentes quedaron atónitos.


Pero la cosa no terminó ahí. La joven e irascible tía tuvo que reconocer que, justo el día antes del puntazo, ella le había clavado un tenedor en el cuello a su sobrino, precisamente por la misma disputa: el codiciado cetro de mando del clan Armans. No se constató la marca del tridente. Conste que en esa casa viven la abuela y la madre (ambas con varias entradas), la tía Fiorela Solange y el sobrino Gustavo (sin antecedentes computables). Sólo que Gustavo consideró al tenedorazo apenas un evento más, un rasguño sin consecuencias, una mancha más al tigre.

El inolvidable Twist de María Elena

Otra arista inesperada -que habla mucho de cómo funcionan nuestros tribunales- fue que desde un primer momento Fiorela declaró en la IPP que de ningún modo su sobrino intentó matarla. Es más, ni siquiera pensó en denunciar el hecho.

El caso llegó a los tribunales sólo porque la abuela llamó al 911, toda una herejía para los implacables cánones tumberos del clan Armans. Que no se diga. Lo hizo para parar una trifulca que amenazaba con irse de madre.

Fiorela ratificó que Gustavo nunca quiso matarla ante el jurado, sellando así la suerte del juicio.

El propio reconocimiento médico apoyó esta versión con claridad, pues dio cuenta que la única herida fue en el omóplato. Es decir, en una zona que jamás comprometió la vida y que era más consistente con un arrebato de enojo que de una vocación homicida. Gustavo no agredió de nuevo a su tía, como para que esto justificara una calificación legal más grave de tentativa de homicidio, que impidió su soltura durante ocho meses y que el jurado descartó por unanimidad.

El juez Eduardo D´Empaire instruyó correctamente al jurado acerca del delito menor incluido de lesiones, que claramente estaba abierta como opción legal desde la prueba producida en el debate, y que en definitiva fue la solución que resolvió el jurado.

El juez ahora decidirá una pena por el delito de lesiones.

Leer noticias:

- La Nueva Provincia (31/10/16) "Discutió con su tía y le dio un puntazo en la espalda" (ver)

- La Nueva Provincia (8 de agosto de 2017) "Juicio por jurados: hallaron culpable a un joven por apuñalar a su tía" (ver)