domingo, 10 de septiembre de 2017

PERPETUA EN SAN MARTÍN POR MORTAL MEZCLA DE BIRRA Y CHORI: el jurado fue unánime

"Yo a este lo pongo de una....", fue la frase de Cristian Sandoval que desató la ordalía de choris, cerveza, sangre, Tramontina y muerte tras un fatídico asado en Grand Bourg.

"Pará que te acompaño... te sigo a todas partes, soy tu hermano", exclamó Agustín Sandoval. Eran las 12 de la noche.

"Aguanten que ahí voy también", dijo el invitado a la barbecue, Cristian Gigena.

Los tres beodos cruzaron la calle de tierra hacia el almacén de enfrente que les había vendido cerveza ininterrumpidamente desde las 15 horas. Allí, con el mismo Tramontina con que cortaban al medio el pan para el chori, por poco limpian al almacenero Ernesto Jaime y mandaron efectivamente al otro mundo al pobre cliente Oscar Vivas.

¿Cómo terminó la historia? Con el jurado de San Martín fulminando de manera unánime a perpetua a uno de los hermanos Sandoval y absolviendo a Gigena. Ampliaremos.

Un clásico de la grieta argentina: el choriplan



EL CONTEXTO SOCIO-ESPACIAL

Nadie dudaría que haya algo en la Argentina más rico que unos buenos choris a la parrilla. Más si es en familia y, como en este caso, para festejar el clásico cumpleaños de un sobrinito.



Pero -siempre hay un pero- el lugar es decisivo. No es lo mismo clavarse un chori en un coqueto food truck de Las Cañitas que en Grand Bourg, en el conurbano profundo bonaerense. Una zona "en donde se achica hasta el más valiente", como diría al gran jurista argentino Julio Maier.

Tierra envuelta por el humo brumoso de violentas choriceadas, internas políticas bravías regadas con vino del peor, maconha bonaerensis y ñam fri fru fri fali frú. Por sus calles polvorientas circulan de manera habitual punteros políticos calzados con bufosos y cadenas. Donde las mentes se obnubilan en estas bacanales de fin de semana y proliferan panzas relucientes y lustrosas. Vientres a punto de reventar de tanta Stella.

En fin, un cóctel inefable que ¿explica? buena parte de los sucesos de este caso. Todo terminó mal.




LOS HECHOS

La escena se repetía una y otra vez. Sandoval, albañil de profesión, cruzaba al almacén a comprar birra. Cruzó la calle más de veinte veces desde las 15 hs, en que dio inicio el asadito para el cumple del sobrino hasta el fatídico desenlace a eso de las 24 hs. Se habrá llevado más de diez cajones de cerveza, abonados religiosamente. Nada de fiados ni pagadiós.

La pregunta que todos nos hacemos es por qué terminaron achurando al almacenero y a un cliente.

La respuesta surgió en el juicio, y el jurado la escuchó como un trueno ensordecedor. Resulta que, ya cerca de la medianoche y ante la vigésima transacción de la rubia bebida, al almacenero Jaime se le ocurrió recordarle a Cristian Sandoval lo siguiente:


"Che, no te olvides que tu mujer me debe $ 40 de la vez pasada".

Fue como si Kim Jong-un hubiera impactado un misil norcoreano en Grand Bourg. La frase debe haber repiqueteado duro en la mente de Sandoval, ya definitivamente exacerbada por la ingesta alcohólica.

El líder supremo de Corea del Norte

La cosa es que cruzó de vuelta al cumpleaños, compartió la frase al colectivo de seres allí reunidos, la mujer le debe haber dicho que no rompiera más las bolas con esa huevada, pero a Cristian se le salió la cadena y ya no hubo retorno. Las cartas estaban echadas para el almacenero. Le había llegado su hora final.  A Sandoval le agarró una moto de novela y decidió entrar al almacén empuñando el Tramontina, decidido a poner las cosas en su lugar. Lo siguieron -sin todos los patitos en fila, indudablemente- su hermano y Gigena, munidos además de un fierro que había por ahí.

Entraron ululando como sub-humanoides al almacén, pero parecía no haber nadie. Entonces, rompieron todo lo que había. Como en Pink Floyd-The Wall, reventaron la tele a fierrazos.

Bob Geldof  dándole masa a la TV

En eso sale de atrás el almacenero Jaime. Cristian Sandoval lo empezó a apuñalar, sin lograr su muerte por razones ajenas a su voluntad (tentativa, derecho penal I, parte general). Un ocasional cliente llamado Oscar Vivas, que también salió del fondo, abrazó al almacenero para evitar que la cosa pasara a mayores. Pero, infortunadamente, terminó él recibiendo los puntazos y fierrazos mortales de los hermanos Sandoval (homicidio criminis causa, derecho penal II, parte especial). Murió tras una corta agonía en el mismo lugar.

EL JUICIO

El juicio fue conducido por el juez Luis Molinari, del TOC n° 5 de San Martín. La fiscalía estuvo a cargo de Roxana Cutitta, quien ya consiguió dos perpetuas en dos juicios por jurados. La defensa particular solicitó la inimputabilidad por extrema ebriedad y/o culpables por homicidio en riña.

La acusación logró probar más allá de duda razonable que la tolerancia alcohólica de los hermanos Sandoval era descomunal. Pero no logró demostrar la participación del invitado Gigena en el evento.

El veredicto unánime del jurado fue el siguiente:

1) Nosotros el jurado encontramos CULPABLE por unanimidad a Cristian Sandoval de la tentativa de homicidio de Jaime y del homicidio calificado criminis causa de Oscar Vivas.

2) Nosotros el jurado encontramos CULPABLE por unanimidad a Agustín Sandoval del homicidio simple de Oscar Vivas.

3) Nosotros el jurado encontramos NO CULPABLE a Cristian Gigena.