miércoles, 29 de noviembre de 2017

BAHÍA BLANCA: Una tragedia entre amigos terminó con una grave condena del jurado

Para el jurado, la muerte del joven Watson no fue un accidente. 

Culminó así una jornada cargada de tristeza y dramatismo. Es que así se vivió el juicio por jurados que se extendió durante cuatro días en Bahía Blanca.

Se juzgaba otro desenlace trágico por la manipulación sin sentido de armas de fuego, esta vez entre jóvenes amigos y en una reunión social.

El 11 de septiembre de 2013, varios chicos y chicas se reunieron en la vivienda de Juan Pablo Adami (en ese entonces con 22 años), que alquilaba en Roca al 400 de la localidad de Darregueira. Allí concurrieron Gerardo Watson de 20 años de edad y otras tres chicas de edades similares.


Adami, que poseía una pistola calibre 22 en su casa, la empezó a mostrar y a manipular y, en un momento dado, apuntó a Watson a la cabeza, sin que haya habido incidente alguno entre ellos. Ni en ese momento, ni previamente. Parecía una broma pesada entre amigos y nada más.

De hecho, La Nueva Provincia informó en aquella época que "un halo de misterio cubría el caso, ya que familiares de la víctima habrían manifestado en el nosocomio bahiense donde es asistida, que el episodio ocurrió cuando los jóvenes supuestamente jugaban a la ruleta rusa".

De golpe, la tragedia. Se escucha un disparo y Gerardo Watson recibe el balazo mortal en la cabeza.  La víctima estuvo internada en grave estado en la sala de terapia intensiva del Hospital Penna y tres días después los médicos determinaron su muerte cerebral.

En un principio, el fiscal Mauricio del Cero iba a acusarlo por homicidio culposo, por entender que Adami no había tenido intención de matar a su amigo, sino que había efectuado un manejo por demás temerario de un arma de fuego.

Fiscal Mauricio del Cero

Sin embargo, las pruebas del debate arrojaron que Adami mintió inicialmente -quizás asustado- de que había habido un forcejeo previo. Luego se probó que tal cosa no existió, sino que apuntó directamente a la cabeza de improviso, desconociéndose por qué se produjo el disparo. Además, la policía informó que al arma la encontraron en un camino vecinal, a 5 kilómetros del lugar del hecho.

De tal modo, la fiscalía optó por acusarlo por homicidio simple con dolo eventual. Fue la defensa, a cargo del abogado Gustavio Giorgiani, quien insistió en su alegato que el disparo había sido un accidente y que debía ser condenado por homicidio culposo (culpa con representación).

Le tocó al juez Eduardo d`Empaire, quien ya presidió exitosamente seis juicios con jueces ciudadanos, quien debió instruir especialmente al jurado acerca de la diferencia entre el dolo eventual y la culpa con representación. La deliberación del jurado, que se prolongó durante varias horas, se centró exactamente en ese punto. Era lo que había que resolver. ¿Fue un accidente o no? ¿Hubo intención o no?

El juez Eduardo d´Empaire
En la primera votación, el jurado resultó estancado, tras conseguir 9 votos por el homicidio con dolo eventual. Tras las instrucciones de rigor y la manifestación positiva de la fiscalía de continuar con el ejercicio de la acción, el jurado pasó otro largo tiempo deliberando hasta que consiguió 10 votos por la condena por homicidio simple con dolo eventual, tal como lo reclamó la fiscalía.

Será muy interesante verificar el criterio que seguirá el Tribunal de Casación ante el casi seguro recurso de la defensa. Varios de los observadores allí presentes estimaron que la solución justa hubiera sido una condena por homicidio culposo, aunque también reconocieron que la posibilidad del homicidio con dolo eventual estaba perfectamente abierta desde la prueba del juicio para el jurado.

Pero en nuestro sistema constitucional es el jurado quien adjudica y determina los hechos en los delitos criminales. Es el soberano en esa área y las cortes revisoras son renuentes a interferir con esas determinaciones, dada la ventaja inestimable que posee el jurado de haber visto y escuchado toda la prueba de manera directa.

Pero cierto es que, en contados casos, los tribunales revisores pueden ordenar un nuevo juicio si consideran que la solución es injusta al caso concreto. Lo cierto es que, más allá de estas discusiones, queda el sinsabor y la amargura por la absurda muerte de un joven en la flor de su vida en un desgraciado episodio.

Leer noticias:

-La Nueva Provincia (12/09/13) "Está muy grave un joven que recibió un disparo" (ver)

-La Nueva Provincia (29/11/17) "Juicio por jurados: lo declararon culpable de asesinar a un joven en Darregueira" (ver)