viernes, 1 de diciembre de 2017

SAN MARTÍN: NO CULPABLES POR UN HECHO DE ROBO EN UN COLECTIVO

Sábado a la noche del 15 de noviembre de 2015. Un colectivo 176 atestado de menores, acompañados por algunos mayores sale de Tecnópolis con dirección a José C. Paz. Había terminado un multitudinario evento de las Iglesias Evangélicas llamado "Misión Familias". Hubo casi 100.000 asistentes.

Cien mil fieles evangélicos coparon Tecnópolis en el Jesus Fest

En ese colectivo iba la víctima. Un jovencito al que le robaron a punta de cuchillo su campera roja. Este evento desencadenó el juicio, que fue conducido por la jueza María Inés Piñeiro Bertot. La acusación corrió por cuenta de la fiscal Roxana Cutitta, quien les imputó robo agravado por el empleo de arma blanca y participación de menores de edad.

El legendario 176

¿Cómo fueron los hechos? Cuando el colectivo estaba a la altura de San Miguel, asciende en alocado tropel una horda de muchachos con rumbo a los boliches bailables de la calle Tribulato. Entraron a los gritos, sin pagar boleto e inmediatamente comenzaron a bardear a los pacíficos pasajeros.

En concreto, la víctima declaró que, en medio de todo el tumulto, oyó que le decían en claro apriete:

"Eh, vieja. ¿Y esa campera? ¿Es original o es trucha? ¿Cuánto te salió? A ver, prestámela un cacho.....

Ante la obvia negativa, de entre todos los integrantes de esa demencial turba alguien le apoya un cuchillo en la espalda, luego en el cuello y lo despojan de la campera roja. La horda se baja como marabuntas en masa del colectivo.

Marabunta

Y es aquí donde empiezan los hechos controvertidos. Las defensas de los dos acusados (un defensor particular y el defensor oficial Javier Chirinos) lograron demostrar -con toda lógica- que no se pudo establecer si el grupo que subió era uno solo o más de uno; y si todo ese grupo estaba o no de acuerdo en el robo. Se probó que en el hecho no pudieron haber intervenido más de tres personas.

La policía terminó arrestando a cinco personas a instancias de la víctima, que divisó a un grupo con su campera roja. Cerca de allí se encontró el cuchillo.



Tres de esos detenidos abreviaron su pena. Un mayor y un menor. Otro menor fue declarado inimputable. El jurado tuvo conocimiento entonces que tres personas habían sido condenadas por el hecho. Exactamente el mismo número que probablemente cometió el robo. Con lo cual, los jurados debían decidir por estos otros dos que estaban en el juicio: Vázquez y Silva.

El reconocimiento que hizo la víctima de noche, a veinte metros, sin ver bien y desde el patrullero no alcanzó para establecer la autoría más allá de duda razonable. En el juicio dijo que apenas pudo verles fugazmente las caras, pero no los reconoció. Los policías dijeron que el muchacho señalaba genéricamente al grupo, que estaban todos con capuchas y decía "Ese, ese, ese".

Esto, como es lógico, selló la suerte del juicio y el jurado retornó con un veredicto de no culpabilidad para ambos acusados. La jueza María Inés Piñeiro Bertot coincidió en que ella hubiera tomado la misma decisión.