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sábado, 20 de noviembre de 2021

SAN MARTÍN: Hubo exceso en la legítima defensa en la pelea entre el Sandro Pintos de Andresito y el finao Cachi Santucho

El Comandante Andresito, caudillo federal,
general de Artigas y primer Gobernador indio de Misiones


Andrés Guaçurarí  (1778-1821), conocido como Comandante Andresito, fue un militar y caudillo guaraní misionero y uno de los primeros caudillos federales​ de las Provincias Unidas del Río de la Plata en la Historia Argentina. De origen guaraní, gobernó entre 1815 y 1819 la Provincia Grande de las Misiones. Fue uno de los más fieles colaboradores del general de la Banda Oriental (todos de pie por favor) Don José Gervasio Artigas, quien lo apadrinó y lo adoptó como hijo; permitiéndole firmar como Andrés Artigas.

Nacido en Comandante Andresito, Misiones, hace 36 años, Sandro Pintos tuvo una vida difícil. Moi difícil. No sabe leer ni escribir, y no tuvo escolaridad para ayudar a sus 14 hermanos y una vida llena de privaciones. Pero dejémonos de tanta vuelta y vayamos al grano. 

Sandro Pintos le dio cuatro puñaladas (una mortal en el pecho) a Andrés Armando Santucho, alias Cachi, de 22 años. Estos fueron los sucesos.

La pelea a cuchillo ocurrió en el pasillo de un precario complejo habitacional del barrio Mariló, localidad de San Miguel el 18 de agosto de 2018. Si bien huyó del lugar porque los vecinos quisieron lincharlo, momentos después se entregó en una comisaría de Pilar. Llegó al juicio detenido y acusado del delito de homicidio simple. 


El de pantalón negro debe aflojar con los ravioles.

Desde el primer momento, Sandro admitió haberle dado muerte al Cachi, pero sostuvo que lo hizo en legítima defensa, dado que el Cachi lo había querido robar con el mismo cuchillo que terminara causándole la muerte. La cosa venía de antes. 

El Cachi Santucho era un facineroso con varias entradas a la cárcel. Sandro tampoco era un nene bien, pero se comprobó en el debate que el Cachi lo esperaba en el pasillo ese sábado al mediodía con un cuchillo para quitarle el jornal de albañil de la semana. Como ya había hecho veces anteriores. 

Todos quisimos saber a cuánto ascendía el jornal y cómo se abonaba: si con dólar blue, contado con liqui, euros, vales, bitcoins o vaya a saber qué mercadería de dudoso origen. Lo cierto es que el Cachi cobraba peaje los sábados al mediodía. Pero esta vez cobró él. 


Tacones lejanos de la defensora oficial. 
Inquietantes. Todo vale. Fueron decisivos

La experimentada fiscal Amalia Belaunzarán basó todo su caso en la testigo estrella Carla. Resulta que Carlita era vecina del lugar y aseguró que Sandro -en forma inesperada- acuchilló al Cachi y que no fue un robo porque el Cachi tenía códigos y no cometía delitos con la gente de ahí. Claro, con la gente de afuera sí. Mmmmmmmmm. Mmmmmmmm, Batman.  




Pero la defensora oficial María Luba Lazarczuk -cuyo vestuario hizo furor entre los jurados y el nulo público presente- no se quedó atrás y contraatacó. Sandro Pintos declaró. Subió al estrado y le habló al jurado. Rebatió a Carlita y dijo que Carla, en realidad, era la vil entregadora de sus jornales y que se había quedado dolida cuando cortó la relación sentimental que tenían, a pesar de que ella se negó a reconocer en eso en el juicio.

También dijo que él estaba desarmado cuando volvió del laburo y que, cuando el Cachi lo asaltó, pelearon, forcejearon, le arrebató la cuchilla y le tiró varios puntazos en su defensa. Le dio cuatro y uno fue el mortal. 

El arma nunca apareció, y no hubo coincidencia ni sobre la clase o sus medidas: algunos hablaban de faca tumbera, otros de cuchillo tipo carnicero y otros de un arpón.


Arpones tumberos

Lo que no podía ocultarse era el nutrido prontuario penal del Cachi, aunque la jueza María Inés Piñeiro Bertot sólo autorizó a incorporar uno de esos antecedentes condenatorios. Estaba claro: el Cachi era un tumbero.

Hubo un tole tole entre la fiscal y la defensora, que la jueza zanjó de alguna manera. El dueño del complejo Mariló (nombre pomposo para ese aguantadero de malandras) había declarado ante la fiscalía de instrucción que Cachi y un amigo estaban refugiados en el Mariló escondidos de la policía por un asunto. Y que permanentemente robaban y amenazan a todos. Pero, en el juicio, la fiscal desistió razonablemente de ese testimonio y, aunque la defensa lo había notificado personalmente de su deber de comparecer, no se presentó al debate. La jueza no autorizó medida de allanamiento para obligarlo a concurrir.

Pero sí se comprobó que el Cachi había estado de alta partuza bebiendo sin parar desde la noche anterior y que ese día se encontraba absolutamente alterado.


United Colors of Luba

Con este material, el jurado se retiró a deliberar con tres opciones: culpable de homicidio simple, culpable de exceso en la legítima defensa y no culpable. Dos horas y media después, el jurado se declaró estancado en 9 votos respecto del exceso. La jueza los volvió a mandar a deliberar con la Instrucción Dinamita y, una hora después, volvieron con un veredicto de condena por exceso en la legítima defensa de 10-2. La jueza deberá decidir el martes si lo larga al Sandro, que ya lleva tres años en prisión.