martes, 18 de mayo de 2021

¿Cómo delibera un jurado? ¿Cómo toman sus decisiones? El extraordinario ejemplo del jurado de Tunuyán (Mendoza).

El momento culminante. Los cuatro acusados,
de pie para escuchar el veredicto del jurado


El sábado asistimos -una vez más- a una increíble muestra de compromiso cívico y de sabiduría comunitaria: el jurado de Tunuyán, en el Valle de Uco, deliberó durante dos días seguidos para alcanzar un veredicto en el resonante caso Hisa/Carleti. Pero lo más destacable fue el método deliberativo que eligieron para tomar su decisión (ver). Algo que impresionó a los presentes y a la sociedad. 

No importó que fuera un viernes a la noche tras once horas de deliberación; no interesó tener que aislarse en un hotel por una noche; nadie se impacientó por seguir deliberando un sábado por otras cinco horas. El jurado de Tunuyán decidió -con gran sabiduría- deliberar el tiempo que fuera necesario hasta arribar a un veredicto unánime para los cuatro acusados. 



Cientos de sospechas recayeron sobre este jurado. No era un caso cualquiera; por su complejidad, por el poder del principal acusado y por la propia víctima. Hasta la fiscalía dudó de poder encontrar doce personas imparciales de la comunidad de Tunuyán para llevar adelante el juicio en el lugar que ordena la Constitución. Se decía que en Tunuyán no iba a ser posible encontrar jurados imparciales. Grave error.

Nuevamente, y a contrario a todos los prejuicios que suelen vertirse sobre el jurado, la realidad demostró otra cosa. El jurado nació precisamente en las pequeñas comunidades. Donde todos se conocen. Ese es precisamente el juicio de los pares, el de los vecinos.


COMPOSICIÓN DEL JURADO 
DE TUNUYÁN


El jurado del caso Hisa/Carleti quedó compuesto por las siguientes personas, todas ellas entre los 23 y 50 años de edad: dos maestras de escuela; tres amas de casa; dos estudiantes; dos desempleados; un gastronómico; un chacarero; un peón rural; un ganadero; un transportista; un administrador de fincas y un maestro mayor de obras. 

Este extraordinario jurado demostró lo que es una premisa básica para quienes nos dedicamos a estudiar empíricamente al jurado con el método de las ciencias sociales: no hay mejor forma para “predecir” el veredicto del jurado que analizar el peso y el valor de la prueba. 

El jurado no decide nunca por sus emociones, ni tampoco por discursos grandilocuentes de las partes; el jurado, tal como lo reafirman todos los estudios empíricos en el mundo, decide sus veredictos por la solidez de la prueba que se presenta en el juicio. 




El jurado de Tunuyán deliberó durante  largas horas y dos días en el marco de lo que la Ciencia Social Para la Toma de Decisión llama "una deliberación orientada hacia la prueba". Se la diferencia de las "deliberaciones orientadas hacia el veredicto", que son aquellas en las que el jurado organiza sus discusiones votando rápidamente por las preferencias iniciales de veredicto de cada uno de sus integrantes. Esta última se da más en aquellos jurados que admiten veredictos por mayoría.

En las deliberaciones orientadas hacia la prueba, los jurados postergan sus discusiones para el final y, primero de todo, realizan un análisis minucioso y detallado de las pruebas. Después de esto suelen enfrascarse en deliberaciones robustas hasta llegar a la unanimidad. Esto fue lo que hizo el jurado de Tunuyán. 



En este tipo de casos, los jurados se sumergen en la experiencia de la deliberación de un modo que, para quienes jamás participamos en ellas, nos resulta muy difícil de comprender. Pero lo cierto es que lo hacen diariamente en nuestro país. 

Los jurados están realmente dispuestos a escuchar los argumentos del resto, a revisar sus propias comprensiones, a discutir todos los detalles del caso. Realizan todos los esfuerzos necesarios para lograr alcanzar el tan afamado consenso, para que las doce personas estén convencidas del análisis realizado. 

Para ello se dan su tiempo, el que sea necesario, inclusive más de 24 horas. Ciertamente la exigencia de la unanimidad requerida en Mendoza refuerza estos mecanismos. 


La famosa deliberación del film 12 Hombres en Pugna.
Empezó orientada al veredicto, y terminó orientada
hacia la prueba.


La regla de la unanimidad permite que la deliberación se oriente hacia la prueba y no se conduzca por el veredicto, como muchas veces sucede con las reglas de mayoría. 

En este sentido, sólo la unanimidad alienta a que los jurados se esfuercen en analizar la prueba y traten de construir sentidos de justicia compartidos. Cuando ello ocurre, cuando el jurado logra deliberar alrededor de la prueba como el jurado de Tunuyán, el veredicto emerge con una fuerza social irrebatible. 

Y con él, el jurado alcanza una tranquilidad y satisfacción cívica inigualables. Sabe que esta fue la decisión correcta, porque todos conducidos por la prueba llegaron conjuntamente a ella. Alcanzar un veredicto unánime no es una proeza, sino una necesidad para el jurado y para la sociedad. Una decisión así, en un caso tan delicado y tan resonante, se presenta evidentemente como legítima e incuestionable para la comunidad.